La deshumanización del TICK

Nos estamos deshumanizando a pasos agigantados, cambiando las normas de interactuación social y vulgarizándolas a extremos como que dos ticks de un color o de otro suponen un cambio de actitud a tomar.

¿Qué hay que sentir cuando vemos que el otro interlocutor nos deja en leído? Intento imaginarme la situación en una boda, en la que dos personas poco conocidas terminan una conversación rápida y, tras un incómodo silencio, ambos se miran sin saber qué decir, el concierto social les permitirá sonreírse y seguir con otros caminos. Cualquiera lo consideraríamos aceptable. ¿Pero qué pasa si el otro quiere seguir hablando? Las preguntas sin respuesta son cuchilladas al ego del que las formula, bromas que no merecen ni un mísero “jaja” o una chorrada de emoticono. Desprecio. En la boda, me daría la vuelta con una sonrisa de superioridad dejando al otro con la palabra en la boca. Sí, sería un simple gilipollas maleducado.

El desprecio es como la pérdida de la vergüenza, cuando creemos que hemos llegado a un límite, el ser humano adquiere la conciencia de que aún puede superarse; aquí nos encontramos con aquellos que ni siquiera se toman el tiempo de demostrar el desprecio, los que ni siquiera leen el mensaje. ¿Qué mueve a una persona para integrarse en esa aura de magnificencia, de divinidad confirmada a la que no podemos acceder el resto de mortales? En la boda, que ya casi estoy convirtiendo en mística, me imagino intentando hablar con alguien que, a mitad de la primera frase, se girase hacia la persona de al lado para iniciar otra conversación, o que simplemente mirase al vacío, que es más poético. Impresiona, como impresionante sería mi respuesta en la que bombardearía ese falso pedestal de divinidad. Pero semejante afrenta, en el universo tecnológico, queda diluida en el universo de inmediateces y naderías de su espíritu social.

Cuando tomaba mi primera cerveza en el cóctel del convite, unos ojos claros captaron mi atención, rompieron cualquier defensa de mi orgullo y se quedaron afianzados en lo más hondo de mi ser para tirar de mí hacia su poseedora, en un perfecto ejemplo de conexión inmediata y química de miradas. Después de unas breves conversaciones en las que el interés quedó manifiesto, no pude volver a acercarme, muchos otros acosaban aquella belleza. Sentí una tremenda frustración, pero aún prende en mí esa llama del interés, quiero conocer mucho más de aquella que es capaz de despertarme del letargo. Pero, ¿si hubiese usado un mensaje como acercamiento? Existen condicionantes a la interactuación inmediata, desde husos horarios a complicadas agendas, mensajes que se van dilatando en el tiempo porque el que tiene la pelota en su tejado quiere estar en el momento anímico perfecto para responder, para disfrutar de cada palabra usada, para pensar una buena respuesta. Ojos claros no podía responderme, probablemente ni me hubiese leído, provocando ira que junto a la frustración puede desencadenar una explosión realmente terminal. Algo tan puro como el interés entre dos personas puede saltar por los aires por no conocer esas nuevas normas tecnológicas.

En estas conversaciones eternas que tenemos con los móviles, un elemento fundamental es el tiempo. El tiempo incrementa el deseo, si queremos algo que sabemos que obtendremos y se dilata en el tiempo, las horas o días actúan como gasolina, como en aquellas cartas de amor que tardaban semanas en llegar. Esperanza, de eso va todo esto. ¿Cuándo perder la esperanza y pasar del ansía por una respuesta al dolor de un rechazo? No lo sé. Y quizás esta sea la única respuesta que realmente importa, así como la única que no quiero conocer. En este puto mundo deshumanizado sí quedan algunos baluartes que la tecnología no podrá quitarnos. La esperanza es uno de ellos. ¿Habrá respuesta? ¿Es el momento adecuado para intentar besarla? ¿Le gusto? Espero que ningún gurú de pacotilla intente dar respuesta a algo que aún nos hace hombres.

Habrá quien prime la accesibilidad de la tecnología, yo seguiré buscando esos ojos claros que me saquen de la inopia de la soledad a través de la química de una mirada, no de la electrónica de un teléfono.

“La vida, toda vida, por lo menos toda vida humana, es imposible sin ideal, o dicho de otra manera, el ideal es un órgano constituyente de la vida”. José Ortega y Gasset.

 

 

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2 respuestas a La deshumanización del TICK

  1. ruiseñor dijo:

    Dando en el clavo. Tanta tecnología esta haciendo olvidar a los hombres detrás de ella.

  2. Diego dijo:

    Gran entrada!

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