La adaptabilidad de un guisante

La sociedad nos enseña a despreciar lo pequeño, desde asociarlo a algo que todavía no se ha formado del todo a, incluso, restarle importancia con términos como minimizar, empequeñecer o reducir. Pero la experiencia me enseña algo diferente, la suma de pequeñas unidades es lo que crea un gran hito.

Por supuesto que no todas las pequeñas cosas tienen la misma importancia, pero quiero centrarme en los guisantes, esas nimiedades que por sí solas son capaces de cambiar por completo la marcha de una idea, una relación, un trabajo o incluso una vida.

Usando la alegoría de Andersen en su cuento la Princesa y el guisante, me surgen muchas dudas sobre lo que realmente haría ante ese guisante.

Podría no darme cuenta de la pequeña incomodidad que supone un guisante entre los colchones, despertar al día siguiente como si nada hubiese pasado. Sería entonces un burro de carga con las viseras que me permiten ver una parte de la realidad, usando a Ritcher solo sentiría problemas por encima del ocho, y puede que ni siquiera eso. Tendría la misma empatía que un adoquín, sería por tanto alguien manipulable fácilmente, dócil ante una cadena de mando. No sería la princesa de Andersen y ni mucho menos un buen aliado o pareja, pero sin duda sería un gran soldado, un ejecutor.

Puede que sí descubriese ese guisante, bajase de la cama y lo tirase a la basura sin plantearme nada más. Sería entonces alguien operativo, un perfecto mando intermedio que ante cualquier situación inesperada sería capaz de seguir unas prerrogativas internas previamente programadas por una educación o una vida. Las cosas pequeñas se solucionan y se sigue hacia adelante. Probablemente sería medianamente feliz por el beneplácito de la resolución de un conflicto, pero no tendría la capacidad de entender el porqué estaba el guisante ahí. Si el día de mañana en vez de un guisante es una alubia, actuaría exactamente igual sin plantearme si estoy ante la misma situación o es una realidad diferente.

Puede que descubriese el guisante pero decidiese que bajar a encontrarlo supone demasiado esfuerzo. Me convertiría entonces en un seguidor de la adaptabilidad del guisante, capaz de relativizar cualquier problema, minimizarlo aún más y continuar adelante. ¿Un guisante? ¿Perder mi tiempo por algo tan pequeño y absurdo? Pero un guisante pronto son dos, y en esa continua escalada de adaptabilidad llega, antes o después, el punto de inflexión; aquel experto en relaciones de pareja estará divorciado, el que justificaba cualquier decisión de la empresa, despedido. No todos los problemas son guisantes ni todos los hechos tan pequeños carecen de importancia.

Finalmente puede que percibiese el guisante y me preguntase qué hace el guisante ahí. Decidiría quitar o no el guisante dependiendo de la idea que valide, si se trata de una trampa de la astuta reina o un hecho casual. Realmente no importa demasiado la decisión que se tome, ése es otro cuento, lo relevante es que habré tomado una decisión lógica en base a hechos presentes, a experiencias pasadas y a hipótesis futuras. Si al día siguiente hay una alubia descubriré el patrón y tendré esta pequeña ventaja respecto a la madre y al príncipe. Este tipo de persona es la destinada a liderar la empresa que sea, sea de índole profesional o personal. En manos de ese líder quedará el adjetivo que añadiremos después, si chantajeará a la reina por su manipulación, si huirá del castillo o si se casará con el príncipe, en manos de cada uno queda juzgarlo.

Un guisante, algo tan pequeño que apenas distinguimos su sabor en un guiso, y sin embargo algo a lo que cada uno de nosotros damos la importancia que queremos. Desde que entendí lo que el cuento de Andersen significaba para mí, intento no relativizar los hechos de los demás basándome en mi experiencia, el margen de error es demasiado amplio. Sí, un guisante puede parecer pequeño, pero a mí me ha valido para este relato, y puede que a ti para tener una idea, ¿Se atreve alguien a minimizar la importancia de un guisante?

“Es un gran hombre el que hace que cada hombre se sienta pequeño. Pero, realmente, el único gran hombre es el que hace que cada hombre se sienta grande”.

Gilbert Keith Chesterton.

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2 respuestas a La adaptabilidad de un guisante

  1. Director de Marketing dijo:

    Muy buena reflexion; de hecho podrias hablar tambien de como vemos que con el tiempo vemos guisantes que cuando eramos ninos no existian….

    Otra reflexion, cuantos guisantes equivalen a una china en el zapato?

  2. ruiseñor dijo:

    JEJE, ME GUSTA LA REFLEXION DESDE UN GUISANTE
    PERFECTAMENTE ESCRITO Y SORPRENDENTE

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