La estadística de la vida

El tiempo es una variable impertérrita, inviable, invencible. Es una verdad contra la que no podemos luchar. Por ello, he creído que el tiempo es el eje sobre el que orbita la vida y la toma de decisiones de la humanidad.

Es un error.

Quizás me encuentre influido por Asimov y su magnífico planteamiento de un destino matemático, quizás sólo sea el resultado de una noche de pizza y botes de helado; pero el por qué nunca superará al qué. El tiempo es una variable, nada más. La importancia reside en el árbol de toma de decisiones, en la estadística que nos hace elegir una opción.

Las leyes de la física sólo enmarcan el concepto del juego, son las normas que aún no podemos traspasar. La biología, en cambio, bascula desde el efecto limitante hasta la mera posibilidad. Un ciego no puede ver, éste es el hecho límite, pero él será el que decida si puede ver de otra manera, y es aquí donde surge la posibilidad.

Todos contamos con un poder total sobre nuestro árbol estadístico de decisiones. Seremos nosotros los que decidamos si aquella experiencia traumática, si aquella pérdida de amor propio cuando saboreamos el fracaso; genera miedo, y por lo tanto reducen las opciones de futuro; o provoca esperanza, y nosotros mismos multiplicamos las posibilidades.

Siempre he sentido apego hacia aquellas personas que desafían su propia educación, su formación estereotipada e inconclusa. Todos los que tienen que lidiar frente a unos límites marcados durante años, ya sea en el terreno racial, moral, religioso, sexual o incluso memeces tan triviales como la política y la clase social. Poco importa que sea de un lado o del otro. Cuando el individuo lucha contra ello no perderá jamás, puede que fracase en la opción en concreto contra la que luchaba, pero justo es ese hecho: la lucha, lo que le permite cambiar el peso porcentual de sus decisiones, y quizás, hasta generar alguna oportunidad.

Podemos llegar a entender, incluso justificar, las grandes decisiones de una empresa o un estado. A pesar de que su árbol de decisiones sea el mismo, las variables nos resultan más tangibles, más reales: poder, dinero, o incluso la conciencia social de una ONG.

Pero cuando hablamos del hombre la cosa cambia. Todos nos manipulamos, o nos dejamos manipular en medidas diferentes. No existen dos gotas de agua iguales, por lo que jamás encontraremos a alguien con nuestro mismo árbol, ya busquemos al excéntrico orador de posibilidades infinitas o al pelele que lo deja todo a una sola cuerda y del que todos conocemos cuál será el próximo paso que dará.

Y es aquí donde entre la metáfora. Si regamos este árbol con libertad, multiplicará nuestras opciones, si lo manipulas queriendo controlar las decisiones o sus consecuencias, serás un cáncer, ya sea para la sociedad o para uno mismo.

“Siempre que enseñes enseña a la vez a dudar de lo que enseñas”.

Ortega y Gasset

liana

Imagen: Liana. Cedida por el autor: Abzurdo. Podéis encontrar más dibujos sugerentes en su blog, tenéis el enlace en mi blogroll.

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Una respuesta a La estadística de la vida

  1. ruiseñor dijo:

    Magnifico

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