Momentos vitales

Ayer estuve presente en uno de esos momentos mágicos que te regala la vida. Son breves, intensos, y terriblemente escasos por nuestra incapacidad manifiesta de saber apreciarlos. Pero cuando se alinean los planetas y eres capaz de salir de tu pequeño mundo, puedes llegar a percibir que sí, que la vida puede ser maravillosa.

Eran las cuatro de la tarde de un viernes, en el metro se veían centenares de rostros cansados pero imbuidos de esperanza ante el inminente fin de semana. El silencio era sepulcral, apenas roto por el chirrido de un frenazo continuado al llegar a la estación de Alonso Cano.

Subió en el tren una mujer, morena, de media altura, con un rostro agradable. Latina de descendencia por ese color tostado tan saludable, y sobre todo tan llamativo en aquel mar de palidez de oficina.

Tenía la mirada fija; bueno, todos en aquel vagón la teníamos; pero ella no mirada al suelo para abstraerse de la aglomeración, de las miradas indiscretas, de los pensamientos ajenos. Ella miraba a un hombre, también moreno pero de tez mucho más blanca que ocultaba bajo una barba espesa. Estaba apoyado en el medio de dos vagones, es aquella plataforma de aluminio y plástico en la que es imposible mantener el equilibrio por mucho tiempo.

No creo que fuese por la conversación insustancial de la última noche, o por el casto beso, o sí, ¡qué diablos!, pero lo cierto es que la química entre ambos era tan palpable, que todos los que estábamos alrededor nos vimos forzados a mirar hipnóticamente.

El libro de Chaucer bailaba lánguidamente en mis manos, era incapaz de leer, me vi forzado a atender con todos mis sentidos a aquello que estaba ocurriendo justo a mi lado. Y quizás eso fue lo más especial, que no era nada del otro mundo, nada extraordinario, sólo una pareja hablando sobre cómo iban a ir vestidos a una fiesta de carnaval. Y no era el único, todos los que estábamos cerca mirábamos con la misma mirada bobalicona, con la sonrisa cargada de complicidad y ternura, todos fuimos capaces de apreciar aquella explosión de vida.

Cuando bajaron del tren en Islas Filipinas, volvimos a nuestros mundanales quehaceres. Fue una sensación extraña, echaba de menos a aquellos desconocidos pero me sentía extrañamente feliz.

Probablemente ambos jóvenes no fuesen conscientes de nada, pues para ellos, todo el universo giraba en torno a la persona que tenían delante. Hablaban en un tono normal, sin cuchicheos por el silencio del metro, se profesaban muestras de cariño sin importarles lo más mínimo la opinión ajena. Irradiaban una felicidad mayúscula por algo tan simple y sincero como una relación de pareja.

Aquel viernes cinco de febrero no cayó el muro de Berlín, no se declaró el fin de una guerra y ningún equipo ganó mundial alguno, pero sin embargo, todos los presentes no podremos olvidar el júbilo contenido por ese momento tan mágico que nos regaló esa pareja. Sí, la vida puede ser maravillosa.

“Ningún día es igual a otro, cada mañana tiene su milagro especial, su momento mágico en el que se destruyen viejos universos y se crean nuevas estrellas.”

Paulo Coelho.

bodapalomaynacho600

Imagen cedida por el autor:

  • Rodrigo DB Cores PHOTO.
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Una respuesta a Momentos vitales

  1. Ruiseñor dijo:

    ¡Guau! Fantástico, me he sentido en ese vagón de metro y he sentido el milagro de una comunicación.

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