Prohibido

Cada día lo oigo más a menudo, ya sea en las arengas políticas, en los últimos desmanes de un gobierno inútil, o en las vivas tertulias de un bar. Lo escucho en la rabiosa voz de una madre hablando de su hijo, e incluso lo tenemos pintado en carteles por toda la ciudad. La repercusión de las redes sociales no hace sino potenciar un problema de base.

Estoy parado, me he quedado helado, igual que un ideal revolucionario que se extingue por la inoperancia de quienes deben defenderlo. Fue hace horas, pero no logro olvidarlo, la estridente voz de esa madre se repite en mi cabeza como el eco de una tortura.

-Deberían prohibir….

Deberían prohibir. Palabra maldita: prohibido. Cada vez que la escucho siento que un pedazo de una civilización de miles de años se extingue en la nada, una nada que ha provocado la desidia de occidente. Cada vez que oigo la palabra prohibido noto como la fuerza que ha forjado Europa llora su propia ausencia. ¿Dónde está la libertad?

La prohibición es la última barrera que tiene un ordenamiento antes del caos. ¿Prohibir? ¿Qué queremos prohibir? Si hemos llegado hasta el punto de necesitar una prohibición es que hemos fracasado, todos nosotros. Esto nada tiene que ver con un político, con una secta o con un abuso. Los que hemos fallado somos tú y yo. Gozamos de la libertad, pero nunca hemos sido responsables de ella, como una amante que ha visto la miseria de nuestra existencia, nos abandona a la suerte de la última prohibición. ¿Qué hay detrás? El caos.

Un mal conceptuado libertinaje es el parásito de la verdadera libertad. Obtuvimos libertad sexual y la hemos convertido en un mercadeo. Obtuvimos libertad de palabra y la viciamos hasta convertirla en un arma arrojadiza. Obtuvimos libertad de credo y optamos por no creer más que en nosotros mismos. Obtuvimos la libertad de la propiedad y la convertimos en la religión mayoritaria. Obtuvimos libertad de gobierno pero nunca nos hicimos cargo de esa responsabilidad. Obtuvimos libertad de cátedra y la abandonamos a la manipulación.

Tuvimos las armas para hacerlo, el momento y la voluntad acompañaban. Pudimos educarnos en libertad, pero hemos fracasado. Pudimos buscar la utopía de una sociedad en la que no hiciese falta prohibir, pero tú y yo, tus padres y los míos, nos hemos cargado un sueño tan humano como la libertad. Hemos perdido aquello que nos hacía precisamente humanos. No, no lloro la ausencia de la libertad, lloro su muerte.

Cuando la complejidad normativa de un ordenamiento se multiplica, es que éste está dando sus últimos estertores. Así, poco importa que esa madre prohíba a su hijo lo que sea en vez de generar una enseñanza, que el vecino se crea más listo que nadie por no pagar la comunidad, o que el político esté cobrando en B. Prohibamos, prohibamos hasta convertir el orden en un caos, vallemos hasta perder nuestra libertad de movimiento. Generemos nuestro propio apocalipsis porque quizá, después, nos dediquemos a buscar esa libertad perdida.

La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres.

Manuel Azaña.

Velas

Imagen cedida por el autor:

  • Rodrigo DB Cores PHOTO.
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3 respuestas a Prohibido

  1. Ruiseñor dijo:

    BRILLANTE

  2. Nacho dijo:

    Muy buen articulo

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