Vehículo de emociones

En este octubre perpetuo que llamamos vida, enclavados entre la esperanza de un calor que ya ha pasado y un frío que se aproxima, tenemos una responsabilidad con el mundo para ser el rayo de esperanza que obligue a pensar que la primavera volverá a venir. Cuando más gris me siento y más nubes emborronan mi alma, más necesito buscar esa luz que me ilumine y emocione.

Soy un adicto a los vídeos de talento que pueblan Youtube. Poco importa que se trate de una voz angelical, de un pintor de arena o de un deportista extremo, todas esas imágenes y sonidos sólo tienen un punto en común, incitan al que los ve a creer que somos mejores de lo que nosotros mismos pensamos.

Siempre he considerado el arte como un canal de emociones, por eso me es tan difícil encasillarlo en las clásicas siete representaciones. Un artista no es aquel que pinta, sino el que es capaz de transmitir una emoción con su pintura, o con su baile, o con su voz en una conferencia, o demostrando una ecuación imposible a un aprendiz ilusionado. No existe un canal, sólo un emisor, un receptor y un mensaje de emoción.

Por eso estamos en la obligación moral de desarrollarnos, de transmitir, de emocionar. Todos hemos sufrido decepciones que minan la autoestima, que nos hacen dudar de nosotros mismos. Las nubes siempre acechan, a veces en las voces de los más próximos. No vales, no llegarás, esto no es excepcional. ¡Y una mierda!

No existe la ciencia infusa, sin una transferencia de una emoción, ningún genio llegará a conocer aquello para lo que está destinado. Si Mozart  nunca hubiera oído una canción, jamás se habría dedicado a la música, ni Velázquez a la pintura, ni Jordan al baloncesto, ni Einstein habría descubierto absolutamente nada. Todos ellos tuvieron un primer contacto que les emocionó y les hizo decantarse por diferentes parcelas, pero nadie recordará jamás quién fue el impulsor de aquellas genialidades, quién fue el primero en hacer sentir esa emoción.

Tenemos una responsabilidad como raza. No todos llegaremos a la cima de nuestros talentos, pero debemos desarrollarlos y compartirlos. En el ingente entramado del destino, puede que unas míseras palabras en un blog inicien una trasmisión de emociones, un escalado que termine en un nuevo Cervantes.

Como seres humanos no tenemos límite, como individuos sí. Cuando sientas que vas a caer, busca ese rayo ajeno, esa emoción compartida y transmite la tuya. Salta si es lo que quieres, baila, grita, escribe, canta, monta en bicicleta, ¡desarróllate! No existen los sacos rotos en lo que a emociones se refiere. Somos grandes, y todo parte siempre de un único individuo.

Aquí dejo estas palabras, mientras intento desarrollar mi talento busco esa emoción perdida. Yo la sentí gracias a una niña que cantó O Mio Babbino Caro en uno de esos programas de talento. Se me agarrotó la zona entre el estómago y el corazón, donde reside la esencia de las emociones. Aún no me ha abandonado y por eso escribo este texto para convertirme en un vehículo de esa emoción. Yo he cumplido mi obligación, ahora que me has leído, ¿qué vas a hacer tú?

“Cuando llueve comparto mi paraguas, si no tengo paraguas, comparto la lluvia.”

Enrique Ernesto Febbraro.

Autor: Abzurdo

Imagen: Portrait. Cedida por el autor: Abzurdo. Podéis encontrar más dibujos sugerentes en su blog, tenéis el enlace en mi blogroll.

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Una respuesta a Vehículo de emociones

  1. Ruiseñor dijo:

    Simplemente una maravilla

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