Un paseo en bicicleta

Este fin de semana he celebrado una despedida de soltero. Mientras me curo las heridas de dos días de excesos y temo por no poder recuperar mi voz, me he decido a escribir unas líneas sobre esa relación.

Me fascina la complejidad de lo natural. Pocas veces nos paramos a pensar en las miles de variables que se han sucedido para que dos personas se conozcan, para que se entiendan, para que se respeten y para que se amen; y sin embargo, todo el proceso parece algo natural.

Me recuerda a un paseo en bicicleta. Una bicicleta es una máquina sencilla, en la que unas cuantas piezas deben trabajar unidas para poder avanzar. Podríamos equiparar la cadena al amor, siempre en movimiento para que la relación funcione. Debe estar engrasada y en buen estado de mantenimiento o la bicicleta no se moverá. También tenemos el manillar, rígidos soportes que nos permiten tomar una dirección, me los imagino como los valores irrenunciables que debe tener toda pareja, desde su individualidad hasta su unidad, desde la libertad hasta el compromiso. El sillín lo rellenarían todas las características de cada uno que permiten llevar una vida más llevadera, desde las risas y las sonrisas a la comprensión, los besos y el cariño, o el sentido del humor. Los pedales serían aquellos hitos que marcan la fuerza a la que avanza una relación, esa primera cita, las presentaciones de las amistades o aquel momento sin glamour pero completamente mágico en el que cada uno descubrió que estaba enamorado.

Pero la máquina no funciona sin los impulsos humanos, sin las piernas que permiten dar los pasos necesarios para que dos personas, amigos en este caso, marchen hacia un destino que nadie puede conocer, unidos como uno, en algo tan natural como un paseo en bicicleta, pero a la vez, tan absolutamente complejo como el amor.

Las bicicletas, como la vida, no funcionan marcha atrás. Siempre hacia delante, siempre hacia un futuro, siempre avanzando. Hoy, mientras me imaginaba cómo pasaban delante de mí en su paseo en bicicleta, no puedo más que maravillarme por lo natural de su relación y enorgullecerme por poder ser una de esas infinitas piezas que han permitido que estos ciclistas del amor avancen hasta su propio amanecer.

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Una respuesta a Un paseo en bicicleta

  1. Ruiseñor dijo:

    Megusta la comparación con la bicicleta, dos ruedas y una bicicleta, un camino común
    Suena bonito

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