El camino hacia el éxito

Siempre he imaginado el camino hacia el éxito como una montaña. Una enorme cima que sólo podía escalar con mis manos y mi ingenio. Ante cada empresa nueva he imaginado el mismo escenario. Muchas veces he desistido en los primeros intentos de escalada, otras he llegado a alcanzar alguna cota pero al ver la cima aún tan lejana, he desistido antes de tiempo. A ambos los puedo llamar fracasos, aunque, mirándolo con perspectiva, diría que el único fracaso es no intentar trepar en busca del sueño.

He tenido algún éxito que me ha dejado mal sabor de boca cuando, ya en la cima y esperando a recibir el hálito de la conquista, me he dado cuenta de que la montaña no era más que un monte, y que no había realmente ninguna complicación en la escalada. Finalmente, sólo en algunas contadas ocasiones, he llegado a donde quería y me sentido gratificado por el camino recorrido, pero tras un tiempo de éxtasis he sido consciente de que no es más que una cima de una cadena montañosa, que el camino no consta de un éxito, sino que hay que trufarlo de cientos de cotas cada vez más altas.

En el camino me he encontrado compañeros que subían en ascensor, y he sentido rabia, celos, y unas ganas horribles de llorar; también he conocido a algún montañero que en los primeros pasos de la escalada se sienta a descansar, mira hacia atrás sus pírricos pasos y vocifera las mieles de su éxito a todos los que no se han atrevido a comenzar su andadura; por ellos es por los que realmente lloro, me produce una pena inmensa su escasez de miras, especialmente cuando creen que han llegado a una cima que no deja de ser una primera etapa, y lo llamo etapa por consideración.

En este camino me he caído más veces de las que soy capaz de enumerar. En ocasiones tengo suerte y no sufro más que un tropezón por el que retrocedo algunos pasos, pero lo más habitual es que ruede sin control en una caída al vacío que no tiene límite hasta que, ya sin fuerzas ni esperanzas, me descubro en un valle de oscuridad, en un fondo que no conocía y ante el cual debo dar el doble de pasos para llegar al mismo punto en el que me encontraba antes del tropiezo.

Las montañas son cada vez más altas y los valles más profundos. La sabiduría me proporciona el conocimiento para saber cuáles son los senderos más aptos para la subida, pero también me recuerda el coste de un paso en falso y que, antes o después, llegaré a una sima tan profunda de la que, quizás, no sea capaz de salir. Es entonces cuando surge el miedo.

En este continuo ir y venir, siento que golpeo la cabeza contra un muro que me impide avanzar. A veces se resquebraja el ladrillo, pero en la mayoría de ocasiones es mi cabeza la que lo sufre.

No sé si no me queda más sangre que perder, o si es porque mi cuerpo me ha lanzado un grito de auxilio, temeroso de no poder reaccionar ante el próximo accidente del camino, pero lo cierto es que me he parado a meditar en el nivel del mar, un limbo en el que no hace frío ni calor y en el que no se asciende ni desciende. Estoy en el origen, en el kilómetro cero.

Las montañas y los valles han desaparecido, lo que me lleva a plantearme la inconsistencia de un camino que creía cierto y, como describiría Kundera, me oprime la insoportable levedad de mi ser.

Este soliloquio pretende pregonar una verdad incómoda, una certeza que ha destruido las cordilleras y rellenado las simas, un único conocimiento, absoluto, que veo ante mí en forma de río.

Si me sumerjo en él me llevará con la fuerza de una corriente que reconocemos como destino hacia una orilla, mal llamado objetivo en la que me sentiré realizado hasta que el poderoso devenir me lleve hasta la siguiente orilla. Sólo hay una única meta, el mar, el lugar en el que todas estas pequeñas gotas, consideradas almas, encontramos nuestro lugar.

Soy un salmón nadando contracorriente, zambulléndome en la refrescante agua de la complacencia sólo para saltar a un vacío en el que no tengo aire, pero tras el cual siento que realmente he avanzado. No, aún es pronto para dejarse llevar de perdidos al río.

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Una respuesta a El camino hacia el éxito

  1. Ruiseñor dijo:

    Esplendidamente redactado describe las vicisitudes del diario acontecer
    Maravilloso

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