Estación de paso: El clavo.

Reza el dicho que un clavo quita otro clavo. Después de una ruptura sentimental, una vez superadas las fases de negación y melancolía, el sujeto vuelve a lanzarse a un mundo que le recibe con los brazos abiertos, fiel reflejo de su voluntad, y que le ofrece todo aquello que llegó a dar por perdido.

Al poco tiempo de esta vorágine de nuevas experiencias, es probable que esta persona inicie una nueva relación, usando un clavo nuevo para cubrir el agujero dejado por el anterior. Se trata de un hueco amplio, dañado por el uso y los recuerdos, un espacio que, sea como sea el nuevo clavo, jamás podrá llenar por perfecto que sea. La comparación con las experiencias pasadas y la fuerza de las nuevas necesidades a futuro harán que el clavo baile en el agujero, desorientado por los vaivenes de un recuerdo que no es suyo y unas experiencias en las que él, no es más que un recambio.

Podrá tardar más o menos tiempo, pero esa relación, si es que alguna vez se la pudo llamar así, se extinguirá dando lugar a un nuevo sueño por parte del carpintero que ya olvidó su relación pasada y por supuesto a aquel  clavo que pudo ser y no fue. Ofrecerá, en la siguiente etapa de su vida, un trozo de madera virgen sobre la que, con su nueva pareja, clavar las bases de una relación.

¿Pero qué ocurre con los que tenemos el papel de clavo?

Estamos abocados a un papel de salvador, en el que recogemos los pedazos de corazones rotos y con paciencia reconstruimos la autoestima de una pareja, creyendo que estamos creando juntos un futuro, cuando lo único que hacemos es crear un futuro para ella.

Poco después, tendremos que soportar ver cómo cimenta una relación basada en todo aquello que aportábamos, pero que nunca parecía ser suficiente. Somos los peldaños de una escalera hacia la felicidad, damos soporte a todos aquellos que transitan por nuestro lado, pero no estamos destinados a alcanzar la meta.

Me pregunto si realmente podemos aspirar a un cambio de roles o si, simplemente, estamos aquí para recibir los martillazos de la vida y soportar los pies en la cara de relaciones de paso que avanzan hacia la siguiente etapa.

El clavo, o el peldaño, se van desgastando cada vez más, soportando tanto dolores ajenos como propios, sintiendo que las muescas de las experiencias dejan sobre nosotros heridas que no cicatrizan, recuerdos que poco a poco nos incapacitan hasta para nuestro papel de estación de paso.

Aquí divago, en la estación de tren de Atocha, sentado en un peldaño tan desgastado que apenas cumple su función, jugando con un clavo del que ya sólo queda el cabezal. ¿Llegará el día en que alguien recoja y repare los pedazos de mi corazón? O, como este clavo, terminaré desgastado, abandonado en una escalera hacia ninguna parte y sólo participando en las relaciones como: aquel que un día fue…

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Una respuesta a Estación de paso: El clavo.

  1. Ruiseñor dijo:

    Siempre bien escrito, siempre melancolico

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