Tenemos que hablar

-Tenemos que hablar.

¿Tenemos? No, tienes que hablar tú.

Mientras saboreo un gin tonic pienso en el desviado que inventó la fórmula del: tenemos que hablar. Me lo imagino como un puto amante del convencionalismo social, de esos que tienen el palo tan metido dentro del culo que apenas pueden moverse por el rigor de su etiqueta. Consiguió, con su jodida buena educación, que generaciones enteras temamos esas tres tristes y largas palabras.

Son tristes porque presagian miedo, cuando hay una buena noticia que queremos dar, la damos al instante, la tensión de la espera nos impide guardarnos un secreto que incluso nuestras pestañas gritan a voces. No, por supuesto que no puede traer nada halagüeño, y esa espera, esa espera se traduce en millares de hipótesis sin un fundamento real. Largas horas de tensión, nos han enseñado el tráiler, pero la película no se estrenará hasta que nos veamos.

No, no tenemos que hablar. Quieres mandarme a paseo. Endulzarás tus palabras hablando de oportunidades profesionales, de amistades que han fraguado o te inculparás por algo de lo que no tienes ni potestad única ni culpa. No nos engañemos, damos la cara por eliminar de nuestra mente la culpabilidad por el dolor que causaremos, no por compromiso social. Tenemos que hablar. ¡Y una mierda! Échame de tu lado sin miramientos y no pienses en mí. Te será más fácil no tener que morderte el labio mientras ves cómo mis ojos se enrojecen.

Ya hemos hablado. Necesito algo más fuerte que la ginebra. Nada nuevo, una patada y un hasta luego que realmente quiere decir adiós. Recuerdo este sabor salado por las lágrimas, la incomprensión del momento y la inevitable tortura que traerán los: ¿Y si…?

Llegará entonces el vacío de una existencia mal entendida, los acompañamientos sociales y los clichés estilo “Tú vales más que eso” o “El destino te tiene preparado algo mejor”. ¡Y una mierda! No lo dices, por supuesto que no lo dices, simplemente esperas a que llegue la pregunta de la mentira, esa que jamás puede responderse con una verdad: ¿Cómo estás?

Pasará el tiempo y la sima se hará más profunda, las amistades susurrarán a tus espaldas, preocupados por un estado de ánimo que no mejora, deseosos que alguna vez vuelva esa persona que una vez fuiste. Vendrán, compungidos y temerosos de sus propias palabras y afirmarán con miedo:

-Tenemos que hablar.

Ya he vivido tantas veces esta película que me sé hasta los diálogos. Cuando lleguen los amigos optaré por la supervivencia, pondré la mejor de mis sonrisas falsas y responderé que estoy bien, que es una oportunidad. Mientras, sentiré como el destino ha arrancado un nuevo brote de esperanza de mi alma y le imaginaré asistiendo impávido al solar de mi existencia mientras, rodeándome los hombros, me dice al oído:

-Tenemos que hablar.

Esta entrada fue publicada en Café y Cigarro., Relatos y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Tenemos que hablar

  1. Féix dijo:

    No se puede añadir nada más…

  2. RUISEÑOR dijo:

    SIMPLEMENTE PERFECTO

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