Consumirse

Escucho atentamente cuando alguien afirma categóricamente qué es lo que mueve el mundo. ¡El dinero!, ¡el amor!, ¡el hambre!, incluso hay algún freudiano excesivamente influenciado por Grey que afirma que es el sexo. Suelo intentar escuchar en silencio y no participar en las discusiones, pero después de mucha reflexión he llegado a mi propia conclusión: el mundo lo mueve un cociente, un cociente entre una idea volátil como la felicidad y una constante impertérrita como el tiempo.

Todos estamos sujetos al tiempo, intentamos jugar con él, exprimirlo para que se estire y podamos hacer todas aquellas cosas que nos reportan felicidad. Es una lucha eterna que sólo terminará con la muerte. A lo largo de nuestra vida buscamos esas situaciones en las que parece que el tiempo se transforma en un suspiro, influenciado por una felicidad que nos ha raptado de la vida terrenal y que convierte a esa experiencia en un foco de recuerdos y sueños pasados. Pero también huimos de las situaciones contrarias en las que el tiempo cae lentamente a grandes golpes como un reloj con el segundero excesivamente sonoro.

Poco importa dónde pongamos el objetivo de nuestra felicidad, si en el amor, en el dinero, en la amistad o la familia, en el éxito o incluso en el sexo; el tiempo es invariable en todas ellas. Sería fácil suponer entonces que hay que focalizar la atención en alcanzar la meta en el menor tiempo posible, llegaríamos a entender a aquellos que se venden por un dinero instantáneo y abundante, o los que raptan el amor… ¡No!

En la felicidad hay que invertir tiempo, sea cual sea el objetivo, para conseguir ese momento mágico que recordaremos toda la vida. Tendremos que haber consumido muchas horas, ya sea en afianzar una relación, ascender profesionalmente o en rellenar hojas en blanco. Sólo después de un esfuerzo continuado, medido en horas, podemos llegar a paladear esa felicidad. No existe otro camino, la vida es así de cruel, y así de justa.

Por ello sonrío con condescendencia a los que confunden un sentimiento con un instinto, demasiado influenciados en sus decisiones por el tiempo, igual que a aquellos que usan el tiempo pensando que es infinito, sin llegar a buscar una idea que dote de sentido a esas horas muertas.

El tiempo se consume sólo, debemos invertirlo en lo que nos reporte mayor felicidad. Si es en el trabajo, bienvenido sea; si es la familia, también. Si son varias cosas, se puede optar a todas, pero nunca podemos olvidar que el esfuerzo que dediquemos a un objetivo, se lo estamos arrebatando a otro. Qué importante es el equilibrio, jodido Aristóteles y su justo medio…

Una mala decisión son muchos segundos de infelicidad. No sólo por la decisión en sí, sino por lo que resta del resto de nuestros pilares. El tiempo se consume, ¡invirtámoslo en felicidad!

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4 respuestas a Consumirse

  1. ruiseñor dijo:

    ¡Genial! Como siempre agudo, conciso y magnificamente expuesto

  2. Juanjeras dijo:

    Una HISTORIA que trata de sacarnos de la inmediatez y del “me apetece” que rigen el mundo de hoy en día. Da gusto leer textos que hagan reflexionar, aunque sea de vez en cuando.

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