Los domingos

Los domingos son tan largos como una noche de enero. Las horas del día no terminan de marcharse y de permitirnos vagar por la tranquilizadora rutina en la que no tenemos tiempo de pensar en nuestra propia vida.

Me aterra recordar mi propia esencia, sentado en el sofá mientras rasgo las cuerdas de una guitarra eléctrica sorda, temo conectarla a un amplificador y escuchar las notas de la triste balada que me ronda la cabeza en los últimos estertores del fin de semana.

Las dudas se van acumulando en una cabeza que sólo amontona preguntas, nunca respuestas. ¿Es esto lo que será el resto de mi vida? ¿Es por esto por lo que merece la pena luchar? ¿Tengo que seguir cuarenta, cincuenta o sesenta años así?

Una nota chirría, me confunde, pero esa disonante chispa de esperanza en mi gris melodía es la que me permite soñar con que la semana que viene sea diferente, aunque sólo sea para estar un domingo más sentado en el sofá, tocando mi dramática canción.

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Una respuesta a Los domingos

  1. Ruiseñor dijo:

    Es triste y me encanta como esta descrito

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