Amores fingidos

No puedes pretender que te escuche en esos momentos. No mientras mordisqueas mis orejas y mis manos se entretienen con la goma de tus medias. Puede que te escuche, pero jamás llegaré a oírte. Noto tus manos ansiosas recorriéndome. ¿Qué habías dicho?

Las palabras carecen de valor si no se acompañan por el hecho del abandono. ¿Qué no me quieres? Entonces las cenas a la luz de las velas no tienen sentido. Si no me quieres déjame, no me pidas que te presente a mis padres.

Los mensajes se pierden entre la maraña de contacto de una relación, acaban como minucias que justificamos por los estados de ánimo. Puede que sea así, pero otras putas veces esconden una realidad que acabará por triturarnos. La cobardía, o egoísmo, o como se quiera llamar, de una pareja puede terminar con las esperanzas de cualquier soñador.

Lo puedo entender. Parapetados en un sentimiento que reciben pero que no ejercen, esas sanguijuelas van absorbiendo lentamente el alma de cada bondadoso arranque de pasión o ternura; como la muerte, quieren para sí lo mejor que tenemos. ¿Lo ignoran? Puede, puede que sólo se dejen llevar por el río de la comodidad, meciéndose en los protectores brazos de una pareja, protegidos y apoyados en un mundo cruel que no saben afrontar; otros no serán así y buscarán con animosidad un fin mezquino que justifique su obra, ya sea poder, dinero, o simplemente, un sentido retorcido para sus vidas de mierda.

El actor o actriz principal se dejará embaucar, movido por un amor que siente y que personifica en esa mujer de medias de rejilla o en ese hombre de barba mellada. Movidos por los hilos de la mentira ejecutarán los hechos programados, ciegos por un sentimiento que quiere endulzar la desidia de una realidad que todos somos capaces de ver, menos ellos.

Amores mentidos, amores fingidos, amores que matan. Quien no lo haya vivido no puede saber el dolor que se siente cuando se desintegra un sueño de años, sin un motivo aparente porque nuestros oídos han estado sordos de amor ante los mensajes de las amistades. Presos de la desesperación de la incomprensión recogemos los pedazos de un alma rota que tuvo el coraje de soñar pero que no recibió a cambio el don de la verdad.

Finalmente, todas las dudas se centran en si vivimos algo real que se extinguió, o en si fuimos engañados desde un principio. La necedad de un mundo que nos obliga a protegernos ante amenazas que no existen impedirá que recibamos una explicación a ese amor mentido, a ese amor fingido, a ese amor que mata.

Su cobardía fue mi muerte y mis lágrimas, mis lágrimas sólo reflejan su indiferencia.

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6 respuestas a Amores fingidos

  1. Anónimo dijo:

    No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar.
    Albert Camus (1913-1960)

  2. Anónimo dijo:

    Tristemente bello

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