Final: Un almuerzo con tu suegra -versión masculina-.

Ya falta poco, ves el final del túnel, pero como en cada heroicidad, aún quedan los últimos metros, y éstos son los más complicados. ¡Vamos allá!

8.   Las indirectas. Los hijos, tu trabajo y el matrimonio.

A estas alturas ya deberías saber cuál es el modus operandi de una suegra. Entre unas y otras varían el tipo de argucias, pero el resultado siempre buscar ser el mismo, evaluarte, medirte, y si es posible, introducirse en tu mente de la forma más subrepticia posible.

Tu mente, ese gran aliado al que recurrimos de vez en cuando, se verá atacado irremediablemente si has conseguido llegar vivo a estas alturas. Lo sé, estás acostumbrado a que tu jefe, la publicidad, tus amigos, tu madre, tu novia y hasta el portero de la casa te suelten perlas de sabiduría que buscan influir en tu comportamiento. Te sientes preparado, pero créeme, no lo estás.

Tu suegra, si ha decidido que has pasado el corte de su primer escrutinio, buscará amoldarte para que puedas pasar el segundo corte. Preguntará sobre tu trabajo, tu visión del mundo, cuántos hijos quieres tener y hasta cuándo le vas a pedir matrimonio a su hija. ¡Cuidado! Algunos jueces, y por supuesto tu novia, ya empiezan a considerar la palabra dada a una suegra como un contrato verbal validado ante notario. Si te lanzas a la piscina, influido por la relajación de haber superado la primera prueba y el vino que no has dejado de tomar –mira que te avisé sobre lo de ser el novio borracho…-, puedes caer en la trampa de sellar con sangre un matrimonio sobre el que todavía no habías pensado, cerrar la discusión del número de hijos, o decidir que vas a abandonar ese trabajo que adoras para buscar mayor estabilidad financiera. Créeme, a todos nos ha pasado. Una vez hablado, no hay vuelta atrás. No serás el primero que a los seis meses de la primera visita a su suegra se encuentra discutiendo con ella sobre si los manteles con visillos en la mesa principal de la boda es una horterada o no.

¡Sé inteligente! Nada bueno puede salir de ahí, esquiva las preguntas de manera educada y no te mojes con nada. ¡Sé político! Sí, ya sé que político e inteligente no cuadran en la misma frase, pero debes ser así.

Sea lo que sea lo que te diga tu suegra –y cuidado, porque después del harakiri sentimental tu novia puede tomar partido por su madre-, debes obviar el comentario. Ni responder ni dejarse influir, piensa en Bruce Lee, eres un junco que se mece son el viento de las circunstancias, un viento que jamás debe llegar a influir en tu esencia.

9.   La última trampa. La comida de la próxima semana.

Enhorabuena, has llegado vivo al último punto. Estás más relajado, pero no debes abandonarte del todo aún, queda la última trampa. Nuevamente, la suegra sabe perfectamente cuál es tu estado y el momento perfecto para entrar a matar. Imagina a esa mujer adorable como una directora de orquesta, empezó suave con el violín, luego entró el piano, apretó con la percusión para finalmente relajar el ambiente con los instrumentos de viento. Ahora, que ya piensas que nada más puede ocurrir, el justo cuando van a meterte la batuta por el mismísimo. ¿Qué os parece repetir la semana que viene?

No, no mires a tu novia buscando ayuda, te recuerdo que ella está cabreada contigo. Mientras la ves asentir imaginas la resaca que tendrás el próximo domingo después del cumpleaños de Pepe, las risas que habrá cuando digas que tienes que irte para estar presentable en casa de tu suegra. Tu novia te mirará entonces, con esa expresión que solo las parejas saben poner, una mezcla entre “ya sabes por qué lo hago” y “te jodes”, con cada letra sientes como se van clavando uno a uno los calvos de tu tumba el próximo domingo. Tu novia responde por ti: Claro, estaremos encantados.

Dos besos, una despedida algo más cariñosa y un largo camino en silencio hasta casa, una semana de sofá y horas extra en el trabajo porque no quieres llegar a casa, carcajadas de los amigos y vuelta a la misma rutina en casa de tu suegra. Te lo advertí desde un principio. No hay escapatoria.

10.   La presencia de la abuela. La gran aliada.

No todo iban a ser malas noticias. Recomiendo que la primera vez soportes solo y con estoicismo a tu suegra, pero para la segunda, es bueno ir armado a la batalla.

Con la mejor de tus sonrisas, recoge educadamente a Mercedes, la madre de tu suegra. Con ella no hace falta que lleves flores ni digas ningún piropo. Es tu aliada, lo fue desde que nació tu novia, cuando la madre castigaba, la abuela regalaba. Siempre ha sido así y siempre será. ¿Viste la actitud de tu novia delante de su madre? Pues regocíjate, porque con la edad se acrecienta el efecto. Tu suegra se convertirá en un dócil corderito bajo el manto de la gran mujer que es Mercedes.

¿Qué hay alguna indirecta? Ya responderá la abuela algo ocurrente tipo: los tiempos han cambiado. ¿Hablar de niños? Ahora los jóvenes deben divertirse primero. ¿El curro? Es mejor un hombre que lleve a casa la alegría del trabajo que la desesperanza. ¿El matrimonio? Sí, le encantaría ver a su nieta casada, pero se siente joven y no tiene prisa. A la hora del café se levantará la suegra y si no tu novia, la abuela no dejará que te separes de su lado para que le cuentes cuánto quieres a su nieta. Porque eso sí, sólo será tu aliada en tanto en cuanto sienta tu amor y cariño hacia la nieta. Si no, estás acabado.

Espero que puedas disfrutar de estos consejos y llevarlos a práctica en su sana proporción, pues hay tantas suegras, novias y abuelas como parejas.

Finalmente un último consejo. Que tu suegra y tu novia decidan aliarse contra ti en algún momento puede pasar y soportarse. Si la abuela participa y toma partido por ellas, ¡corre! Ningún hombre es capaz de enfrentarse solo a tan magníficos oponentes.

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2 respuestas a Final: Un almuerzo con tu suegra -versión masculina-.

  1. Ruiseñor dijo:

    Real y divertido.
    Genial¡

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