Tercera parte: Un almuerzo con tu suegra -versión masculina-.

Enhorabuena, has llegado a la mitad del camino. ¿Satisfecho? Debes estarlo. Si a estas alturas tu novia te sigue queriendo y tu suegra no te ha echado una de esas miradas  de “tienes suerte que esta no sea la casa de los Soprano” es que todo va bien. Mejor dicho todo ha ido bien, porque lo que te queda también está bien, pero bien jodido.

6.   El tonteo con tu novia

Está genial que muestres la empatía con tu novia. Ten en cuenta que bajo el escrutinio que estás sufriendo por parte de la suegra, uno de los puntos fundamentales es el trato a su hija. Un entrelazamiento de dedos que parezca casual es un buen comienzo. Quizás también sean necesarios alguna caricia y un par de besos tímidos. Hasta aquí todo bien. Si os lanzáis a entrelazar las campanillas, habrás perdido todo lo ganado, serás el pervertido del novio de su hija; bueno, salvo que estés saliendo con la hija de Nacho Vidal.

El tonteo con vuestra novia depende mucho de cómo seáis como pareja. Si lo vuestro es el sexo de estacionamiento regulado, de diez a once de la noche del sábado y en la cama, lo mejor es que pases directamente al siguiente punto, pues no creo que te encuentres con las siguientes situaciones peculiares.

Tu novia está tan nerviosa como tú, pero ella está con su madre, es decir, tiene la confianza de poderse tomar lo que quiera. Como está nerviosa, es posible que haya olvidado que a la tercera copa de vino empieza a estar algo animada, que la crema de orujo con el café es una mala idea si hay que mantener la presencia y que media botella de pacharán con hielos emborracha a cualquiera.

Quizás la situación sea distinta. Ella, sabiendo que estás más tenso que el sujetador de la Obregón, decide picarte un poco, buscarte las cosquillas para echar gasolina al fuego y que la tensión se expanda hacia todas las partes de tu cuerpo.

Así, puedes encontrarte esa mano inquieta debajo de la mesa, un susurro con la promesa de ver cumplido uno de tus sueños sexuales o, para qué vamos a engañarnos, una simple promesa de sexo normal y corriente.

¡Piensa! Sí, sé que ahora mismo estás recreándote en lo que pasará, viendo la imagen perfectamente nítida en tu cabeza. ¡Vuelve! Necesitas concentrarte. Estás en casa de tu suegra. Aquí no va a ocurrir lo de casa de Carlos, que os entró un apretón y fuisteis al baño a tener una de vuestras experiencias más sensuales como pareja. ¡Que no! Que dejes de pensar en ello. Estás en cada de tu suegra, ella está en casa de tu madre. ¿De verdad piensas que algo así puede ocurrir? Tu novia sólo está jugando contigo sabiendo que no podrás hacer nada, potenciando el nerviosismo que te corroe y, lo peor de todo, sonriendo como un niño al ver Disney World por primera vez. Bueno, quizás ese toque de picardía en la sonrisa, de marisabidilla, sea más acorde a Maquiavelo.

Vuelve en ti. Sabes que este partido no vas a poder jugarlo, estás en el banquillo. Otra cosa será cuando salgas al campo, una vez fuera de la casa de tu suegra, en el que ya podrás jugar imbuido por esa pretemporada sin partidos y un ligero toque de venganza “tarantina”.

¿Superado? Enhorabuena chaval. Espero que vayas olvidando todas esas promesas que te ha hecho tu novia, todas esas ideas que tienes, porque, después del siguiente punto, lo más probable es que acabes durmiendo en el sofá.

7.   La discusión madre-hija. El harakiri.

Ya he pasado de puntillas antes sobre este tema. Tu novia y su madre, discuten, pelean, compiten, pero en el fondo se quieren. Por muy buen diplomático que seas, y a pesar de lo fantásticamente bien que te ha ido todo hasta hora, llegará un momento en el que esa pequeña competición te pondrá entre la espada y la pared.

Tu suegra quiere tantear la pasta de la que estás hecho, hay actitudes de su hija que no le gustan y quiere cambiarlas. ¿Por qué? Te prometo que es algo que la ciencia desconoce. Piensa en tu madre y en la cantidad de veces que te ha dicho que no vayas descalzo por su casa. ¿Tiene sentido? No, pero no por ello dejará de repetírtelo incansablemente mil veces al día hasta que le hagas caso. Ellas son más fuertes que nosotros, más consecuentes. Si tu suegra repite cien mil veces su queja, tu novia argumentará esas mismas veces su defensa. Ninguna de las dos va a desfallecer, ellas no se rinden como tú y tus pies descalzos. Cuando la discusión esté en tablas, buscarán un árbitro que dirima la partida. ¿Adivinas quién será ese árbitro?

Te aviso, es imposible que salgas bien librado de ésta. Aquí no existe la victoria. La suegra buscará tu apoyo en este tema, para ver si realmente puedes ser el hombre que lime algunas carencias de su hija; por otro lado, tu novia buscará en ti el apoyo frente a su madre, para ver si puedes ser el compañero que pelee infatigable a su lado frente a las injusticias que sufre diariamente por su progenitora.

Respira hondo y piensa, acuérdate de esa clase de economía en la que te contaron la dinámica sobre decisiones de Nash. Aquí estás ante el mismo paradigma, no puedes acertar en tu decisión, sólo puedes optar por minimizar los daños.

Tienes ante ti cuatro posibilidades. Ignorar el envite y posicionarte junto al padre, que no se mete en la discusión. Es un error. Así conseguirás que las dos se sientan agraviadas por ti. Igualmente dañina –para ti-, sería la opción de no dar la razón a ninguna de las dos, de intentar ser salomónico, el resultado sería el mismo que no decir nada.

Tienes que mojarte, la única duda sería si a favor de la suegra o de tu novia. Si lo haces a favor de tu novia –que por otro lado sería lo lógico-, probablemente esa noche tengas un sexo fantástico y durante una semana entera vuelvas a ser el héroe del que se enamoró. Sin embargo, para la suegra, puede que hayas puesto la primera piedra del puente por el que te mandará a tomar viento próximamente. Ya has visto a tu suegra en acción. La has visto soltar el mismo mensaje una y otra vez a la mente de su hija, imagina que ese mensaje sea sobre la poca complicidad contigo. Tu suegra es un zapador, alguien capaz de traspasar la línea enemiga para causar el caos sin ser vista. ¿Te arriesgarás a eso?

Finalmente, la opción recomendada es el harakiri sentimental. Das la razón a tu suegra, que comenzará a ver cosas en ti que no tenía Borja, el gran semental del ex novio. Tendrás la confianza de la suegra hasta el punto de que te perdone esas pequeños detalles que no han acabado de convencerla sobre tu personalidad –sí, a pesar de todos los esfuerzos, te ha sacado cientos de naderías que no le gustan-. ¿Las consecuencias? Obviamente tu novia se cabreará contigo, estarás sin sexo una temporada, tendrás alguna discusión y dormirás en el sofá algunos días. Aun así, debes confiar en que tu novia te quiere –factor que no está presente aún en tu suegra-, y que, a pesar de lo molesta que pueda llegar a estar, en el fondo no quiere castigarte más de la cuenta. Debes ser más encantador y dulce que el osito de Mimosín durante un tiempo, pero no te preocupes, ya habrá consejos para ello más adelante. Por ahora, lo único que importa es que has conseguido minimizar los daños.

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Una respuesta a Tercera parte: Un almuerzo con tu suegra -versión masculina-.

  1. Ruiseñor dijo:

    Es Genial. Me encanta ver el punto de vista masculino y con tanto humor¡

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