Segunda parte: Un almuerzo con tu suegra -versión masculina-.

Has comenzado con buen pie pero no debes confiarte. Recuerda que no eres más que un funambulista que hace equilibrios en el filo de una navaja. Un ligero error puede condenar completamente tu relación, o peor aún, llevarte a establecer una similitud entre tu novia y tu suegra, ése sí que es el fin de tu juventud, habrás entrado de lleno en la senilidad.

4.   El ex novio Borja

Es posible, por no decir irremediable, que te encuentres con una de esas situaciones incómodas en las que sale a relucir el ex novio de tu novia. Con el paso del tiempo, tu suegra ha ido potenciando la imagen que tenía del hombre hasta puntos insospechados. Es más bello que Adonis, más fuerte que Sansón y más inteligente que Sócrates. Y todo ello sin perder un ápice de su humildad, de su chispeante humor y de sus poderosos envites laborales. ¿Es esto cierto? Por supuesto que no, pero en la guerra fría que se forma entre madres e hijas, el ex novio es una de las armas arrojadizas por excelencia, y tú -amigo mío- no eres más que una víctima colateral.

Me gustaría recalcar que eres una víctima colateral para que no llegues a dudar de ti mismo. Debes saber que Borja, que así es como se llama el muchacho, no es el presidente de un Banco americano como dice la madre, pero tampoco debe ser el que sujeta el canuto para hacer las oes como asegura tu novia. ¿Se puede hacer una media? Pues vete tú a saber, a mayor grado de inquina entre las dos más se potenciarán o desvirtuarán las virtudes de Borja.

Si realmente estás interesado en saber cómo es realmente ese Borja del que tanto habla la suegra (y con el que, curiosamente, ha quedado a tomar café la semana pasada), debes tirar de una regla de tres bastante simple. Escucha cómo te alaba tu novia, porque antes o después te usará como espada con la que competir contra su madre; imagina que, como te quiere y está cabreada exagera aún más de la cuenta, y por supuesto, imagina que su madre lo hace con la misma intensidad. La diferencia entre la imagen de Borja de tu suegra y la realidad, es directamente proporcional a la distancia existente entre lo que tu novia dice de ti, y tu propia persona. ¿Lo ves ahora? Sí, efectivamente tú puedes ser el próximo Borja entre tu novia y su madre.

Aguanta, sonríe y no tengas ningún celo, de verdad, aquello no va contigo. Si no fuese Borja sería la plancha o las entradas para el concierto de los Rolling, pero sí, tienen que discutir por algo, a ser posible absurdamente para olvidarlo rápidamente mientras en el trasfondo se desarrolla una lucha entre las nuevas ideas y la consolidada presencia de tu suegra.

5.   La comida

Vas a empezar a salivar nada más oler los primeros aromas que se escapan de la cocina. Es bueno que salives, eso es que tienes hambre y que vas a comer cualquier cosa. El olor que no llegas a identificar, pero que parece sabroso, son unas acelgas hervidas con cardamomo y cilantro en salsa de ajenjí y eneldo. Vamos, una puñetera guarrería.

Mientras intentas descifrar si alguno de esos condimentos no es lo que tu padre le echa a la ginebra, es necesario -repito-, completamente necesario y fundamental, que sueltes ahora tu segundo piropo del día. Por mucho que la suegra asegure que no ha estado más que unos minutos en la cocina y que ese plato se hace muy fácilmente, no te lo creas; no es que esté exagerando, es mentira, literalmente.

Por mucho que a ti te haya parecido algo casual la inocente invitación de tu suegra a comer ese domingo, es algo que se lleva fraguando mucho tiempo. Tu novia y su madre han estado hablando de ello al menos durante una semana. Recapacita. ¿Cuándo te convenció tu novia que sería un buen plan ir a comer a casa de su madre? Venga, haz memoria. ¿Podría ser después de llegar a casa del curro, justo cuando te sientas en el sofá y comienza la melodía de tu serie favorita? ¿Justo después de decirle que te vas a ir un fin de semana entero a Ibiza para la despedida de soltero de Pachón? ¿En esos instantes pre coitales en los que dirías que sí hasta a una operación de hemorroides sin anestesia? Es una verdad incómoda, sí. Ahora te sientes estafado, miras a tu novia con la misma inquina que mira el niño a su madre, que le prometió ir al zoo y está en la sala de espera del dentista. Estás solo ante el peligro chaval, en la guerra no hay aliados.

Tu suegra lleva una semana sabiendo que vas a ir a comer ese domingo. Siete días fraguando lo que va a ocurrir allí y tú te has plantado sin una muda limpia, con dos cojones. La mujer ha planteado qué guisar en el coloquio de amigas telefónicas, en el gimnasio, en el trabajo, en el mercado y hasta su podólogo ha opinado. Me sorprende que no hayas ingresado en su grupo de Facebook: ¿Qué cocinar al novio de mi hija? Es un absoluto Trending Topic. No te creas que esas acelgas son lo único que tenía en la nevera, llevan solicitadas una semana al frutero, que se las pidió al agricultor, el cual se ha hecho treinta kilómetros en furgoneta para que tu suegra tenga la verdura fresca. Antes de cocinar, ha limpiado toda la casa, aunque jamás fueses a pisar su dormitorio también lo ha limpiado por si acaso.

El combinado de condimentos tampoco es casual. Piensa en la despensa de tu madre. ¿De verdad tiene cilantro y eneldo entre sus especias? ¿Y cardamomo? ¿Acaso soy el único que no tiene ni idea de lo que son? ¡No seas ingenuo! A través de una amiga ha conseguido invitar a Arzak a tomar café, y éste, inmerso en un proceso de orientalización de su cocina post-trans-fusión-tradicional-moderna, ha enseñado a tu suegra a cocinar ese plato. Por supuesto no salió a la primera, es más, probablemente la mujer haya tirado más comida que un buffet de quesos en una convención de diabéticos. Cuando consiguió que saliese sabroso el plato, aún cocinó cinco o seis veces más para asegurarse de que no fallaría en el día clave. Incluso es probable que congelase un poco por si las cosas se torcían. ¿Imaginas la tensión que ha acumulado durante todo el día por si justo ahora resulta que la puñetera acelga no salía perfecta?

¿Estás ya convencido de que es el momento de un piropo?

No sirve con proferir el mítico: “ummmmm” y rascarse la barriga. Ya sabes lo que ha hecho ella, tienes que estar a la altura. Prepara un buen vaso de agua por si realmente está intragable, lánzate a tomar un gran bocado y que te vea la suegra. Si no pasa, tira del agua, si sabe mal, espero que tengas a mano el vino que te sugerí al principio.

Ahora llega el momento de las palabras bien elegidas, alaba la mezcla atrevida de sabores, el dominio del gusto en el almizcle de la salsa o lo fresca que está la verdura. Agradecerá cualquier cosa que digas con un mínimo de interés y conocimiento. Naturalmente, ella se quitará importancia diciendo que le dio por improvisar. Sabes que no es así, ella también lo sabes, tu novia por supuesto, y diría que todo el edificio también, pero es una mentira piadosa. Y tú, querido amigo, acabas de sumarte el tercer punto.

¿Has terminado? Te ofrecerán repetir, hazlo. ¿Qué quieres reservarte para el segundo? ¿Qué segundo? Estás comiendo con tu novia y su madre, habéis tomado un aperitivo y unas verduras con su salsa, no esperes la pata de cordero, no vendrá. Si ves que no puedes aguantar el hambre y que tus tripas comenzarán a dar un solo de percusión, aquí va mi consejo, tira del pan, sin remisión, con crueldad, alimentante del alimento básico. Si hay un padre y tu suegra comienza a mirarle a él, y a ti, repetidas veces mientras ingieres el pan a dos carrillos, ¡Suéltalo inmediatamente! Está haciendo una asociación, recordando cómo era su marido en el noviazgo, ese cuerpazo sin un gramo de grasa que ahora tiene una oronda barriga. ¡Qué lo sueltes te digo! ¿Por qué crees que te mira después de a su marido? ¡Se está preguntando si tú vas a acabar igual! ¡Adelántate! ¡Corre! No permitas que termine el razonamiento. Si comentas que te recuerda el sabor del pan al que hacía tu abuela en el campo, tendrás otro punto, habrás reconvertido una situación que empezaba a ser dramática. Ha comprado el pan en la panadería de la esquina, pero eso no es lo relevante.

Es probable que ya empieces a sentir la acidez que sabes que va a durarte al menos tres días. No pidas bicarbonato, eso sería el punto y final con tu suegra. Si no puedes soportar más el escozor, y empiezas a sentarte raro en la silla, usa el café para solucionarlo. Pide un cortado, y disimuladamente tómate toda la leche que puedas. No es la panacea, pero sí que te aliviará el tiempo suficiente hasta encontrar la farmacia de guardia o las urgencias para el lavado de estómago.

Quizás, el momento de los cafés sea el idóneo para realmente hacer algo en la comida. Ya te has ofrecido sabiendo que rechazarían tu ayuda, éste es el momento de levantar el culo de la silla y ser realmente útil. No dejes que te quiten la responsabilidad de hacer el café. Es rápido, fácil y sobre todo, es prácticamente imposible que la fastidies. Además, así, si sigues teniendo hambre puedes echar un vistazo a la nevera a ver qué encuentras. ¡Marchando otro punto para el mozalbete!

¡Ánimo! Aguanta, un par de pasos y todo habrá terminado. ¡Vamos a ello!

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Una respuesta a Segunda parte: Un almuerzo con tu suegra -versión masculina-.

  1. Ruiseñor dijo:

    Me encanta
    Realidad a topo con humor, fantastico¡

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