Primera parte: Un almuerzo con tu suegra -versión masculina-.

Estás nervioso. No consigues mantener las piernas quietas y notas como te empiezan a sudar las manos. Sólo tienes que atravesar la puerta para enfrentarte a todos tus miedos de una sola tacada. Al otro lado sabes lo que te espera, o crees saberlo, feliz ignorante, pero algo en tu interior te dice que va a ser mucho peor de lo que podrías imaginar. Tocas el timbre con miedo, tembloroso, como si intentases enhebrar una aguja en mitad de un terremoto. Al otro lado no te espera tu chavala a la que quieres pedir el matrimonio, no, a ella la tienes a tu lado dándote la mano. Tampoco son los tacones de tu jefa, que se arregla cada vez que va a joderte un fin de semana. No. Lo que se acerca al otro lado de la puerta son unos zapatos de tacón medio, unas medias de color carne y un vestido que no puedes llamar largo ni corto, ni de verano o invierno, ajustado a una piel de entretiempo. Se abre la puerta y tu miedo se congela con sus palabras de bienvenida. Enfrente está tu suegra.

¿Sobrevivir? Es improbable. ¿Escapar? Directamente imposible. No puedo ayudarte. Lo único que se me ocurre es darte algunos consejos para capear el temporal de la mejor manera posible.

  1. Cortesía

No te hagas el gracioso y choques los cinco. Sé prudente. Un solo beso indica demasiada confianza y la mano puede resultar grosera, limítate a los dos besos de rigor, intentando que el contacto con la piel sea inexistente. Debes hacer ruido con los labios, como en los comics, se podría leer el sonido, pero jamás ver el tacto.

Si la suegra se ha arreglado, lo mejor es que hagas un cumplido ligero. ¡CUIDADO! Ligero e impersonal. Un “te veo muy guapa” resulta muy útil. Si acompañas el cumplido con un detalle sobre su pelo o sobre su ropa, has cometido un error de novato. Tu chavala está a tu lado, ese inocente cumplido se grabará en su mente con hierro y fuego, cada vez que no te des cuenta de que estrena vestido o que se ha cortado el pelo, podrás sentir como la daga forjada en el monte de la suegra vuela inevitablemente hacia tu corazón.

  1. El regalo

Es impensable que te presentes en la casa de tu suegra sin llevar el postre o unos pastelitos. Si hay padre, podrías llevar vino. Si no, todas las amigas de tu suegra sabrán que el novio de su hija se plantó en la casa con su propia botella de vino para emborracharse. Es cierto, pero no es conveniente que se sepa.

Puedes dudar en si comprar o no un regalo, puede que tu novia te insista una y mil veces que no es necesario que compres nada. No escuches esos cantos de sirena. Si vas de vacío, rezarás por ser el novio borracho, pues lo que te espera es mucho peor.

¿Flores? Estás de broma, ¿no? O eso o es que quieres convertirte en el muñeco de vudú de tu novia.

  1. El aperitivo

Pocos lo dicen, pero es uno de los momentos más críticos que te vas a encontrar. Cuando te ofrezcan una bebida, ¡ofrécete a servir tú las copas! Te dirán que no. No insistas. Habrás añadido un tanto a tu casillero de forma gratuita. Disfruta el momento pero no te relajes. Si te dicen que sí, levántate con todo el salero y sirve un buen chupitazo a la suegra. Ahora mismo, las dos caras de la moneda te pertenecen.

¿Qué beber? Aquí llega lo difícil. Si pides un copazo, serás el borracho. Si pides un gin-tonic, el amante de las modas. Un vermú, el casposo castizo. Un refresco, el novio blandito de mi hija. Agua, en fin, mejor no saber lo que pensaría la suegra si pides agua. Es tiempo se acaba y las opciones escasean. ¿Lo mejor? Beber exactamente lo mismo que pida tu suegra, pero claro, puede no haber dicho nada o pedir alguna bebida exótica tipo Bitter Kas; el paso más seguro es la impersonal cerveza, varonil, fría, y a todos deja indiferentes (espero que a estas alturas ni te plantees pedirla sin alcohol, eso es un refresco).

Estoy aquí para ayudarte, así que aquí va mi consejo: pregunta si se comerá carne o pescado. Pide tinto o blanco en consecuencia y sonríe a tu suegra. En esos momentos está pensando que si tienes bouquet para ir empapando el paladar antes de degustar la comida, quizás sí que tengas el gusto suficiente para estar con su hija. No te han pillado el farol y te llevas el punto. Por favor, no pidáis vino rosado, ya hemos hablado de los vestidos de entretiempo, no pidáis un vino de entremedias.

Sí, ¿te sientes seguro verdad? Has metido un par de goles y ya crees que serás el pichichi de la noche. ¡Gilipollas! ¿No has aprendido nada aún? Estás ante tu suegra, un arma perfectamente engrasada para enturbiar la relación con tu novia. ¡Espabila! Los que tienen el culo pelado de cenas con la familia política saben que esto no ha empezado aún. Sí, es tu suegra, está perfectamente predispuesta a que su niña por fin encuentre el amor en un hombre. Peleas contra múltiples recuerdos de antiguos novios que no pasaron el corte, pero que ahora, viéndote de perfil, no parecen tan malos. Además, está el nombre de Borja sobre la mesa, ese niño tan mono y tan bien educado que era el candidato perfecto para ella. Tú no eres ni la mierda incrustada en sus zapatos. Sí, está predispuesta, pero como buena cazadora, está dejando que la presa se relaje antes de lanzar las dentelladas.

No puedes mantener mucho tiempo más este silencio incómodo y esa cara de alelado. Relaja el esfínter. En cuanto estés listo, podremos continuar.

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Una respuesta a Primera parte: Un almuerzo con tu suegra -versión masculina-.

  1. Anónimo dijo:

    Simplemente genial¡¡¡

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