Mártir de las esperanzas

A veces me pregunto: ¿por qué lo hago? Las noches se hacen largas y las historias pesadas. Apenas puedo escribir unas líneas sin pensar en si valdrá la pena, en si alguien realmente disfrutará con lo que pueda hacer, en si tengo talento. Torturo mi mente con pesadillas de fracaso tan parecidas a una vida que aún no me ha colmado con sus frutos, que siento que no voy a llegar, que mis propios miedos me lastran, que soy lo único que se interpone en mi camino.

Las palabras van saliendo solas mientras intento concentrar mi mente, dejarla en blanco para que lo que hable sea mi alma, para evitar el filtro de la técnica ante el torrente de sentimientos. Cuando me siento bien, cuando desconecto del todo noto un caudal imparable, como un mar embravecido me atraviesa y se plasma en el papel sin que yo pueda contenerlo, sin que la mano del hombre lo evite, sin que la razón tuerza la representación de un sueño.

Un hombre me dijo una vez que una mala decisión sobre el futuro puede suponer miles de segundos de infelicidad. Le creí. Le creí pero no puedo evitar sentir la frustración del que quiere cambiar algo y no lo consigue. Me obsesiono con detalles que para otros son insignificantes, me centro en ideas y sentimientos que apenas rozan los sentidos de los demás. No me siento partícipe de sus inquietudes, de sus logros, de sus vidas. Navego en una barca que transita por una corriente diferente, con unas aguas negras y profundas que amenazan con tragarme mientras sujeto el cabo de la única vela que me mantiene a flote. ¿Qué por qué lo hago? No pienso hundirme, no voy a ser un mártir de mis esperanzas.

Cuando zozobra mi bote pienso en aquellos que han conseguido su sueño de ser médicos tras los años de estudio, en esos cuya esperanza era precisamente dar esperanza. También pienso en esa guitarra eléctrica que llora en la intimidad de una balada para reunir fuerzas y cambiar su destino, o en todos aquellos que tienen fijo su ideal y sufren la agonía de la espera mientras combaten el rugir de la tempestad. La sociedad golpea con tanta fuerza que otros van a la deriva en busca de un héroe que les salve o de una roca que les hunda definitivamente.

Soy un mísero soñador y un mal navegante, pero mi barco aguanta porque mientras termino de escribir esto, estoy sonriendo; igual que lo harían el médico o el roquero. Sé que cuesta apreciarlo y que probablemente nunca lleguemos a la meta, pero mientras nuestra vela aguante tenemos camino, y ese camino, suponen muchos segundos de felicidad.

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4 respuestas a Mártir de las esperanzas

  1. GENiAL ,, y sí .. el camino merece la pena!

    😀

  2. Ruiseñor dijo:

    Siempre me resulta sorprendente la forma de bucear en el alma humana…de algunos de ellos
    Excelente

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