La mujer con un abrazo de sonrisa

Las horas del día se viven o se trabajan, en las noches o se disfruta o se duerme; pero son dos breves lapsos de tiempo los que inspiran a los artistas: el atardecer y el anochecer. Se unifican la luz y la oscuridad para crear un todo, algo completo y perfecto.

No es de extrañar que esa fuese la primera impresión que me llevé de ella. A medio camino entre la noche y el día, Centroeuropa y Sudamérica se unieron para crear un icono de auténtica naturalidad. No es una fusión forzada, y ni mucho menos fría, es simplemente una consecuencia de algo que es simplemente mejor. Esto es lo que verdaderamente me llamó la atención, no la belleza física en esplendor, sino la belleza lógica de algo natural.

Considero que su presencia a mi lado es algo con razón de ser, no puede sorprenderme. Sería como si un día se manifestase ante mí mi conciencia, no me asustaría, la vería como algo que siempre ha estado ahí. En su caso fue igual. Aún cuando no la conocía sabía que debía estar ahí, tenía su sitio reservado desde antes de que yo fuese consciente.

La esperaba, la conocí, pero quedaba la conquista, una última barrera que no tardó en superar más de lo que tardó en sonreír. Tiene una sonrisa que invita al abrazo, desde su naturalidad, sonríe a la mismísima amistad, y cuando lo hace, sólo puedes pensar en que querrías ser tú el origen de esa consecuencia. Su sonrisa es adictiva.

Cuando estoy cansado, cuando tengo tantas piedras en mi fardo que no sé si podré llevarlas, pienso en ella. Bueno, más que en ella, en él. En la persona que será la afortunada de unirse a su destino. Veo a ese tío que camina distraídamente con las manos en los bolsillos,  sin saber que en la próxima vuelta del camino le está esperando una mujer, una felicidad presente, una vida futura.

Me he imaginado tantas veces ese momento, que ya no me hace falta esforzarme para evocarlo. Por eso, cuando no puedo más, simplemente pienso en la guapa valquiria tostada y el hombre sin rostro que la acompañará como pareja. Y sin pretenderlo, consigo sonreír y sentir que me dan un fuerte abrazo.

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