Adoctrinamiento

Lo reconozco, estoy adoctrinado. Los doctores de las causas únicas, esas que bucean bajo un ideal que no podemos definir como bueno o malo, me han enseñado la verdad que por siempre estuvo oculta a las masas enfervorizadas.

Iluminados por la redentora sabiduría, imbuidos del don divino que sólo puede llevar al cielo, derrochan su tiempo mágico entre los mortales que nos arremolinamos para escuchar la palabra del dios. Pueden tener una iglesia, una idea o un sentimiento, pero todos ellos nos hacen ver que la fuerza de su voz arrastra una verdad que debemos cloquear como gallinas, son el grano que hará germinar nuestra alma.

Yo, como voraz adoctrinado, grito al viento los mantras que me harán parecer sabio, pero a diferencia de aquellos que sólo recorren el camino marcado, intento, como buena gallina, picotear entre las diferentes doctrinas para que mi sumisión sea más concienzuda. Así, como hicieran las grandes religiones o gobiernos, los mejores artistas o empresarios, cojo ideas de aquí y de allá para ver si se adaptan a mi realidad, ésa que Ortega y Gasset repetía incansable como parte de su doctrina: yo y mis circunstancias.

Hete aquí la clave de cualquier doctrina, el “yo” y “mis circunstancias”. Cuando observo a esos oradores que consideran que sus circunstancias sólo son aquellas que afectan a sus allegados y cercanos, veo una tribu. El chamán corea verdades que todos los miembros deben aceptar para sentirse parte de la manada. Pasamos de una sociedad plural a un corpúsculo, involucionamos hacia una edad del cromañón mucho más retrasada que los inicios de los neandertales. No sólo es una cuestión de involución, sino también de tiempo. Las circunstancias de esos machos alfa se irán degradando hasta reducirse a la mínima expresión: el Yo. El reloj no avanza, sino que se retrasa llegando al vulgar individualismo de unas personas que, formadas para andar hacia adelante, prefieren el camino del cangrejo, como cualquier secta buscan el suicidio colectivo del rebaño mientras ellos creen imbuirse del honor del sacrificio cuando, en realidad, todo se limita al egoísmo de su yo.

Mientras, existe la posibilidad de los que miran por las circunstancias. Éstos líderes que, desde su yo, quieren abarcar el máximo de yos y por tanto de circunstancias, los que miran un orden establecido y anhelan ir más allá, a un nivel superior. Éstos no cierran las puertas a una idea, por estrambótica que sea, la adaptan, cogiendo de ella los aspectos más positivos, para ensalzar y complementarla con otras ideas de aquí y allí, para evolucionarla, para crecer. Lo que vemos obvio en el mundo de la ciencia, la necesidad de Newton para llegar a Einstein, la existencia de éste para las ideas de Hawking, nos cuesta observarlo en otros ámbitos. Así, no solemos reconocer que para llegar a la libertad, hemos tenido que partir de la tiranía, del despotismo hemos llegado a la democracia de las ideas, ¿cuál será el siguiente paso?

Finalmente, el intentar imponer una doctrina es atentar contra la libertad individual, se infecta la idea de libertad de cátedra y expresión para conseguir un objetivo cruel e indigno, corromper la mente ajena. Si llamamos violación al hecho de perturbar el templo del cuerpo ajeno, ¿Qué decir de aquellos que lo hacen con la esencia del alma de cada uno, con su individualidad, con su cabeza? Estos violadores de mentes se amparan en la falta de formación e ideas para imponer, buscan las voluntades jóvenes, a los púberes. Para el cuerpo lo llamaríamos pedofilia, actitud execrable que sin embargo, por algún motivo que me es incomprensible, aceptamos y hasta llegamos a justificar si hablamos de la mente. ¡Tenemos la culpa del delito!

Una idea es la máxima realización de la libertad individual de expresión, imponerla es el súmmum de la tiranía del yo.

Puede que esto sea vulgar verborrea, una idea, o el comienzo de una doctrina, pero ruego a quién lo lea, que no vea más que una expresión que con mejor o peor acierto pueda incorporar a su acervo, para así mejorarla y…, quién sabe, quizás crear algo realmente significativo.

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Una respuesta a Adoctrinamiento

  1. Anónimo dijo:

    Excelente. Analitico, independiente, mordaz. Brillante

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