¿Esto es todo?

Últimamente me estoy obsesionando con una pregunta, unas breves palabras en tono interrogativo que consiguen que me despierte por las noches entre sudores fríos, herido en mi orgullo por el miedo a una respuesta, una respuesta que llevo conociendo mucho tiempo, pero que se muestra ante mí ahora como una bailarina a la que la no le queda ninguno de sus vaporosos velos.

Recuerdo a un alegre conejo de dibujos animados que terminaba sus capítulos con un: “Esto es todo, amigos”. Nunca sospeché que en mi infancia recibiría una señal tan clara de lo que sería mi vida adulta. Ésa es mi pregunta: ¿esto es todo? No quiero fiarlo a una causalidad intrínseca del destino, pero me parece jodidamente irónico.

He bebido del amor como si fuese la fuente de la inmortalidad, a grandes tragos, llenándome con su refrescante sensación de vida infinita. Hoy, desde mi páramo, soy consciente de lo que significa; comprendo que como cualquier adicción, la falsa sensación de poder y placer sólo conduce a una muerte prematura del espíritu.

Conozco la amistad, he llorado y reído por ella. Es indescriptible el éxtasis que se siente al estar rodeado de personas con tus mismas inquietudes, que te quieren y apoyan sea cual sea el precio de una lealtad incuestionable a lo más sagrado que se posee, la propia personalidad. Tampoco encuentro las palabras para describir la sensación de abandono que se apodera de uno cuando se es consciente de que estas mismas personas están abocadas a alejarse lentamente hasta que, con el tiempo, no quede ni el recuerdo de tu existencia. No hablo de una traición consumada por un rebelde, sino de la irrevocable separación de un elemento que, a medida que medita, es más consciente de su soledad.

Los lazos de sangre son vinculantes. Todos nacemos en una familia que, en la mayoría de los casos, intentará ayudarnos a alcanzar nuestras metas. Suelen convertirse en el último refugio, el altar que nos sostiene ante el apocalipsis. Pero la sangre es jerárquica, y como tal prioriza la subjetividad y los intereses propios. El amor y el cariño largamente trabajados se descarnan con los bocados del tiempo hasta que enterramos los huesos de una persona que nunca conocimos y que evidentemente nunca llegó a conocernos.

Me he alimentado de la esperanza, de la fe en los sueños comenzados bajo una lámpara de alta intensidad, he trabajado en proyectos que alcanzaron el éxito y me permitieron mirar atrás con orgullo y con la siempre vilipendiada sensación de un trabajo bien hecho. Por ello afirmo lo efímero de los logros y cómo la desesperación y la pesadilla de lo inconcluso atrapan las almas más tenaces.

Sé lo que es la vida engendrada, y la biología del subconsciente que atrapa cualquier intelecto para llevarlo a la supervivencia de su cuerpo y de su prole. Pero conozco también la muerte, la liberación que nos espera a todos al final del camino, así como su atrayente canto.

Por estas breves nociones, resúmenes de la experiencia meditada de una vida, me despierto cada noche, con la sensación de que la vida no es más que un diagrama que sube y baja en sus orígenes y que sólo desciende a partir del momento en el que uno se plantea si esto es todo.

Así es, amigo lector, como por la longitud de este texto, los dos llegamos juntos al mismo final: Esto es todo.

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Una respuesta a ¿Esto es todo?

  1. Anónimo dijo:

    Si parece que eso es todo, muy bien descrtio y acerado. ¿a disfrutar y que me quiten lo bailao!

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