Humo

Los caminos no son iguales para todos. Reconozco una cierta envidia hacia todos aquellos que disfrutan del don de la clarividencia, esos que desde jóvenes ya saben qué pasos deben dar en su vida, qué hacer o decir en cada momento para llegar a la meta propuesta. Desde los albores de su consciencia han conocido su talento, y lo explotan en consecuencia.

Los que no hemos sido tan afortunados, reconocemos la sensación de asfixia y absoluto desamparo que nos rodea como un denso humo que recuerda a alguna escena del infierno dantesco. No se nace en la oscuridad, sino que poco a poco se adentra uno en ella sin variar un camino que cree inexorable. La meta se vislumbra claramente al inicio de la andadura, pero ésta se enturbia a medida que los pasos deberían acercar al destino.

Cuando el humo nos tiene arrodillados con la tiranía de la desesperanza, puede surgir algún otero con la forma de un amigo, un amor, o cualquier sentimiento o instrumento que nos sirva de soporte en aquel mar de desdicha. Puede que ese otero sea el comienzo de una cadena montañosa que nos lleve en volandas hacia el paraíso de la meta, pero lo habitual es que sólo se trate de un respiro, de un merecido descanso que se nos da para que soportemos mejor el dolor y la tortura de nuestra realidad, una vida ahumada, una sombra oscura.

Vagando en la negrura, ciegos a nuestro propio entorno, es el momento de la elección. Una decisión entre continuar un camino tortuoso de sufrimiento, esperando encontrar unos puntos libres de humo que cada vez están más espaciados; o el cobarde abandono de una vida que ya no nos interesa, de una meta que en ese culmen de opacidad, consideramos inexistente.  

Todos ejecutaremos esa elección, ya sea de una manera decidida, o por la fuerza de nuestras circunstancias, y volveremos a ese humo, embargados por la quebradiza fe en una escapatoria, o convencidos de la fatalidad de nuestra existencia.

Sólo unos pocos, quizás ninguno, tomemos una senda diferente y nos difuminemos en un humo al que por fin hemos comprendido como nuestra esencia, y podamos vagar por un camino sin destino, errar por el sin sentido de la nada, rodeados por la oscuridad de nuestra alma.

Puede que por fin me haya conocido, y en mi difícil deambular sea yo mismo el humo que me intoxica, puede que sea el humo que te impide respirar, o simplemente puede que esta larguísima y fría primavera nos esté afectando.

 

 

Esta entrada fue publicada en A solas con un vino, Relatos y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Humo

  1. Anónimo dijo:

    Como siempre afilando el bisturi de la desdicha, agil, agudo, triste, brumoso…La dicha es una eleccion personal, una opcion vital y el regodeo en la desdicha otra decision.Hay que elegir el estado vital en que se quiere vivir.
    Como siempre un beso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s