Un viaje en el metro de Madrid

Existen pocas realidades en este mundo que puedan aunar el pasado, el presente y el futuro más allá de las palabras tiempo o historia. El tiempo es aquello que nos permite ahorrar sin llenar nuestro bolsillo, es un regalo en forma indeterminada, un cheque en blanco a rellenar por el portador, es una dádiva de vida y esperanza que cada uno podemos bien o malgastar a nuestro antojo. En mi caso, el tiempo dedicado a un viaje urbano es un presente en forma de historia.

Las historias comienzan siempre en un punto, pero este punto no tiene porqué estar determinado. Poco importa que parta de la Plaza de España y me dirija a la Avenida de América, o que sea más conciso y vaya de Sevilla hacia la República Argentina. Algunos tienen origen y destino, yo sólo comparto la historia del viaje, como Diego de León.

Cada historia es diferente en función del narrador, ya tenga éste una voz Latina o se adueñe de los silencios del Callao. Yo, en mi viaje, suelo ir siempre con la Vista Alegre y cargado de Esperanza, como si siempre brillase el Sol; y como éstas son mis palabras, a disfrutar toca de este relato con la alegría de un Lucero y los Buenos Aires  de un Antonio Machado y sus Dos Castillas, o una, pero con el nombre de Plaza de Castilla.

Como buen chulapo nací en Lavapiés y un Santo Domingo, pues como diría nuestro Quevedo, luego interpretado por José Isbert, “Las Suertes y la Peseta son un Empalme del Banco de España, pues más allá de la Puerta de Toledo sólo está La Fortuna del Nuevo Mundo”. Y no es cuestión de chulería, que seguro que en Bilbao también tienen un Guzmán apodado “El bueno”, pero es que aquí, ya sea con Lago o Laguna, somos la única ciudad con Prado y Pinar del Rey, y para no ser menos, le hemos puesto la Universidad del Rey Juan Carlos para que consiga tanta Ilustración como una avenida, que no es por sentirme Tribunal de nadie, pero aquí hasta al más pintado o un poco Estrecho, se le convierte en persona Lista del Siglo XXI, pues nos llamamos Metropolitanos y nos pertenecen los Campus más allá de Bélgica, así como nuestra propia Ciudad Universitaria.

Y me voy a dar El Capricho, porque según dicen mis amigos de Colombia, no somos más que un cruce de Cuatro Caminos y que nos falta el mar. Yo, que en esto soy tan luchador como Manuela Malasaña, no abogo por el Retiro, y por San Cipriano que no sólo tenemos un Mar de Cristal, sino dos ríos como el Jarama y el Henares, e incluso uno que ni el mismísimo Tirso de Molina describiría mejor que: Un río de rosas. Claro, que dicho esto ya no responden ni Pío, ya sea el príncipe o el Papa. Pero es que hay más, tenemos un Barrio del Puerto que no tiene nada que envidiar a la famosa Rambla, sí, sí, con sus Artilleros y todo. ¿y Cómo llamaría un gato a su puerto? Pues Palos de la Frontera, obviamente. Y es así porque no hay fronteras a nuestro puerto, ya que puede desembocar tanto en Ibiza o Cantabria, como en Oporto o el Parque de Lisboa, y no me voy más lejos que llegaría al Pacífico y a sus Islas Filipinas. ¿Qué no somos marineros? Que le pregunten a Sainz de Baranda, nosotros Somos aguas, tanto de Centro, como de Sur.

Lo reconozco, por la Ventura de Rodríguez, mi vecino, empecé a conocer mi ciudad de muy niño y a saborear al Sol los paseos por calles llenas de Acacias, que dejaban un aroma que era una Delicia, no era el placer de un Vinatero, pero para mí eran como la Colonia de los Ángeles y eso lo saben tanto la Virgen del Cortijo, como la que construyó el Barrio del Pilar. Y digo que lo saben, porque en Madrid, puede que miremos La Peseta o La Fortuna, pero para nosotros, la verdadera Estrella es la Almudena, por eso en los mejores Retamares no buscamos el Pan Bendito bajo el brazo, sino que alabamos la gloria de la Concepción y le plantamos un barrio e incluso una Iglesia. Y así nos conseguimos los favores de San Nicasio, San Francisco o San Blas.  ¿Y qué hacen éstos santos? Pues qué van a hacer, nos regalan Las Suertes a los Cuatros Vientos, de tal forma que a nuestros poetas o pintores se les aparecen las Musas, y así podemos disfrutar de Goya o Velázquez, de Miguel Hernández o del extravagante Rubén Darío.

Puesto que estoy llegando a mi última estación, no prolongaré más el viaje, que no todas las líneas son circulares. Dicen que al final se te permitirá ver Madrid por un agujerito, como los viejecitos de los bancos del Retiro, que ven la vida pasar; yo, por el contrario, me sentaré en el banco de un andén para poder ver el movimiento del Alma de Madrid

Esta entrada fue publicada en Desayuno Frío, Relatos y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Un viaje en el metro de Madrid

  1. Anónimo dijo:

    ¡Vaya ingenio! Enhorabuena

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s