Y…, ¿por qué no?

Hoy quiero romper una lanza a favor de las ideas absurdas, esos juegos que suelen empezar con algún tipo de conexión mental surrealista y que finalizan con una mención a los recurrentes atributos sexuales.

Partiendo del respeto legal y social, nuestra mente es capaz de hacer las más inverosímiles asociaciones de ideas. Desde lo descabellado a lo imposible, pasando por lo irrefrenable, inexcusable o simplemente incoherente. ¡Somos creativos!

No puedo hacer otra cosa que sonreír ante el aluvión de pequeñas locuras que surcan durante unos breves segundos mi imaginación. La mayoría de las veces son ideas que no tienen cuerpo, otras, van poco a poco formándose hasta que me descubro pensando 24 horas en ellas y alegrándome el día entre risas tontas hasta que por fin las veo realizadas. Tiran de mí durante ese tiempo con una vitalidad y alegría que me hacen gritar alabanzas a la vida.

Las locuras pueden ser individuales y sencillas, como un corte de pelo ocurrente, hasta multitudinarios y complejísimos bailes, como cualquiera de los flashmob que inundan la red. Es absurdo, pero no puedo dejar de verlos y de reír, de disfrutar simplemente viendo lo bien que se lo deben estar pasando los protagonistas.

Últimamente estoy algo más intimista en mis visitas a Youtube. Paso por encima de las prodigiosas hazañas de superación y recalo en las pequeñas estupideces de un hombre enamorado, de esas que sólo se hacen una vez y para las que lías a todos los amigos que tienes. Me asombra el poder observar cómo una persona ha decidido compartir ese momento tan especial con toda la gente que quiere, es sorprendente reconocer cómo una felicidad individual es un logro, pero que una felicidad común es una hazaña atemporal.

Cuando termino de repasar todos estos vídeos me doy cuenta de que sólo los observo por un único motivo. Imagino una y otra vez cómo sería el momento en el que el protagonista del vídeo vislumbra la idea, veo un ligero momento de duda y un asentimiento final con cara de satisfacción mientras en su fuero interno sólo se repite: Y…, ¿por qué no?

Reconozco que mientras escribo esto, estoy pensando en personas reales que me rodean, desde aquellos que tienen las ideas más alucinantes y que implican a cientos de personas, hasta esos otros cuyo regalo es una simple broma bien planteada. Admiro profundamente esos grupos de amigos de palabra hiriente y jocosa, que tan pronto apuñalan con un mote envenenado, como descubren bajo el brazo la dádiva de una incalculable amistad.

Dicen que la creatividad ha muerto. ¡Y una mierda! Sólo varían los modos de expresarla. Quizás no escribamos El quijote, no compongamos La novena sinfonía y menos aún podamos rodar Casablanca, pero con palabras, notas y escenas podemos alegrar unos minutos de la vida de cualquiera, que sí, ¡somos creativos!

Me doy cuenta de que este escrito es trivial y algo incoherente, casi tanto como la asociación que se ha ido forjando en mi cabeza. No entrará en la historia de los grandes relatos, pero es una idea forjada de una absurda asociación. No pensaba publicarlo, pero…, ¿por qué no?

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3 respuestas a Y…, ¿por qué no?

  1. Anónimo dijo:

    Gracias por darle una posibilidad a los sueños. ¡Que hariamos sin ellos!
    Todo comienza siempre por un sueño y un…¿por qué no?

  2. Anónimo dijo:

    es una realidad, que la vida está llena de creatividad, que a veces no es valorable por no ser algo excepcional. Ojalá tu creatividad alguna vez tenga la recompensa que se merece.

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