Juguetes rotos

Os contaré esta historia tal cual la viví, tal cual me la contaron, o tal cual la imaginé:

“Debo confesar que siempre que pensaba en un juguete roto veía algo que había dejado de ser útil, que había perdido la felicidad y la condición para la que fue creado. Pensaba en piernas amputadas, quemaduras que impiden el reconocimiento facial, corazones rotos y deprimidos. Un halo de tristeza infinita rodeada ese sintagma simplón, impactante y muy recurrido. Yo mismo me he sentido tantas veces así, que ya no recuerdo si en algún momento fui algo distinto.

Pero las aseveraciones cambian con una facilidad pasmosa. Él estaba jugando un partido excelso, no paraba de anotar y rebotear, sabiéndose el punto de apoyo de un equipo de amigos más dotados para la amistad que para el baloncesto, actuaba como referente de una remontada con visos de épica. Y entonces, en un lance sin importancia, en una de tantas jugadas absurdas, lo oímos.

Un sonoro crack silenció el ruido de las zapatillas y las agotadas respiraciones. La mano corrió a sujetar la rodilla mientras un rugido lastimero acompañaba el inicio de unas lágrimas de sabiduría, era plenamente consciente de que se había roto con todas las consecuencias. El recuerdo de una lesión parecida, que más que rotura fue una tortura, provocó que manasen unas lágrimas con sabor a frustración, a pesadilla, a la certeza de que ya todo había acabado para él.

En el suelo se retorcía como una serpiente, buscando una pierna amiga a la que apretar con fuerza y sobre la que ocultar el torrente de lágrimas a ojos de rivales y amigos. Esa pierna fue la mía. Sin necesidad de mayor contacto, pude notar su caída, cómo su confianza y determinación se hundían en un pozo sin fondo. En aquel momento no había sueños o esperanzas, ni parejas o amigos que pudiesen recogerle y servirle de apoyo en su caída eterna. Se había convertido en uno más en la sima de dolor perenne que algunos llamamos vida.

Hasta aquí nada me sorprendía. Lo he visto tantas y tantas veces que he llegado a acostumbrarme a las miradas vacías de los juguetes rotos. Pero entonces, aún inmerso en un dolor atroz, el gran jugador comenzó a bromear, a reír entre lágrimas, a sonreír a su adversidad. El referente baloncestístico es, como no podía ser de otra forma, un referente personal sobre el que mirarse y aprender de nuevo a sonreír.

Desde entonces no miro las cicatrices embargado por la empatía de la lástima, veo una historia de superación, un logro, un terreno fértil sobre el que se ha construido una personalidad. No son miradas vacías, nunca lo fueron, son pupilas experimentadas y deseosas de rellenar el hueco de la rotura con una historia nueva. Son supervivientes, son vividores, son ejemplos de que no es necesario inventarse nada para tener una buena historia.

Te escribo como un juguete roto, pero ahora no meso mi herida en un abrazo de autocompasión, sino que le susurro palabras de esperanza.”

Como autor, desconozco la fiabilidad de la fuente, pero sea historia real o ficticia, es sin duda una historia viva. Agregada queda a esta sección de historias personales mientras me pregunto si este cuento tiene moraleja o si por falta de moraleja lo podemos llamar cuento.

Si tenéis una historia digna de ser contada y no os importa verla destrozada por el escalpelo de mi narrativa escribidme a:

personales.historiasvivas@gmail.com

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4 respuestas a Juguetes rotos

  1. Anónimo dijo:

    Como director de Marketing apruebo este texto; mando desde aquí un fuerte abrazo al escritor y al juguete roto. Sin duda se recuperará pronto y volverá a la cancha que tantas alegrías le ha dado. Por lo que me han dicho, ahora se dedicará más a las funciones de dirección de pequeñas start ups, así como del equipo que tan cerca ha estado de él toda la vida

  2. Anónimo dijo:

    Casi he oido el crack de la rotura y el grito de superacion. ¡Barbaro!

  3. Pablo dijo:

    Gran jugador, mejor persona!
    Gran escritor, mejor amigo!
    Grandes compañeros, mejor equipo!

  4. Juanete dijo:

    Esto no hay manera de superarlo con un vídeo… 😉
    Lo mejor es que en nada le tendremos a tope!! Seguro!!

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