Hojas de Otoño

Llegó el final. Todo comenzó en invierno, en las frías y soleadas mañanas de diciembre. Como un niño que comienza a andar, su relación fue insegura y lenta, pero ilusionante. Mantenían el calor bajo montañas de mantas y abrazos serenos, guareciéndose de terceros en el altar de la pareja, una cama que guardaba los susurros de los amantes.

Ahora paseo por la calles, cubriéndome como puedo de la llovizna que entra traicioneramente por un lado del paraguas. Estoy solo en este ambiente gris, sin transeúntes con los que compartir unas palabras. El viento golpea mi rostro recordándome que lo que fue una dulce brisa se ha convertido en tempestad.

La pareja floreció con antelación, como los capullos de un almendro, entraron en la primavera con las sonrisas alegres de dos personas que quieren abrirse al mundo que los recibe. Los susurros aumentaron hasta ser voces sensatas que explicaban los motivos de un amor incipiente, interrelacionándose con todos los agentes naturales que querían acompañar la carrera de los enamorados bajo la luz excitante del sol.

Hoy siento el otoño, que junto al agua cala mis huesos entre escalofríos de desazón. No estoy preparado para este entretiempo, con la liviana ropa de verano a modo de recuerdo que aún no quiero quitarme y el frío húmedo que me rodea mientras piso los charcos de una lluvia infectada por la podredumbre de una estación que augura la llegada de la oscuridad.

En el verano llegó el estancamiento, una leve sensación de asfixio que fue creciendo como los grados del termómetro. Las sudorosas pieles rehuían de un contacto necesario pero pegajoso, que cuando se producía les dejaba una sensación de necesitar una ducha tan refrescante como el mar, con su exótico sentir de apertura a nuevas aventuras, a distintos personajes, a escape.

Actualmente soy una hoja de otoño, amarilla y marrón por la falta de savia, de una relación que me alimentaba como lo hace el árbol con su follaje. He caído por un vaivén de circunstancias que me mecen como el viento, llevándome de un lado a otro sin más motivo que su voluntad. Vagabundeo bajo la lluvia que oculta mis lágrimas, con un cielo encapotado que hace de sayo a mi voluntad, me recuerda que no hay una ilusión en el futuro, fuera de las nubes del hoy. Sé que es  triste, como el escenario que me rodea. Caminaré por estas calles anegadas por el lodo de las preguntas sin respuesta y sólo con el eco de mis pisadas, cuestionándome si las huellas que dejo se borrarán algún día o si mi destino tiene realmente una meta. Ha llegado el otoño, ha llegado el final pero no hay ningún principio.

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4 respuestas a Hojas de Otoño

  1. Anónimo dijo:

    ¡Que triste y melancolico! Aunque luce el sol hoy en mi dia parece como si la neblina del otoño se instalara

  2. Anónimo dijo:

    Muy bonito el relato, da gusto leerte.

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