La foto de mi vecina

Nunca he sabido estar solo. Cuando abandoné el redil familiar para ir a la universidad mi madre tenía más miedo por si podría alimentarme que si me ocurriría algo. Me pareció absurda la situación en su momento, pero años más tarde agradezco esa preocupación porque estaba completamente fundada en mi despropósito.

Mis compañeros de piso pronto se dieron cuenta de que no era el mejor cocinero, y que si querían mantener la integridad de la cocina como la recibieron para que les devolviesen la fianza, tenían que mantenerme alejado del fuego. Mis siguientes tareas fueron la plancha o la limpieza de baños, pero tras quemar un par de camisas y casi intoxicar a Pedro por fregar con lejía y amoniaco juntos, mis quehaceres quedaron reducidos a llevar los platos al fregadero y a la compra esporádica de hielos para las fiestas.

Elena me advirtió que si nos casábamos, mi comodidad casera iba a cambiar drásticamente en lo que a tareas se refiere. Tras pasar por la vicaría lo intenté, puse todo mi empeño en compartir los quehaceres habituales que requiere un apartamento. Gracias a su santa paciencia pude intentar desarrollarme como amo de casa, incluso me relajaba poner lavadoras, pero el punto y final llegó cuando convertí su jersey favorito de cachemira en una práctica mantita para el niño que venía.

No he superado la muerte de Elena al dar a luz a mi hijo, ni el fallecimiento de éste a los pocos días por la ausencia de su madre. Quizás por esto no me sorprendo al encontrarme a mi vecina al abrir el cajón del pan, una fotografía en la que sale sonriendo, como queriendo darme ánimos. Tengo la nevera llena con su comida y me hace la colada. Mi madre, Elena y mis amigos pueden estar seguros de que con ella aquí, al menos no intentaré suicidarme.

 

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5 respuestas a La foto de mi vecina

  1. Anónimo dijo:

    JO, ¡QUE TRISTE!

    • Muchas gracias Saliary, me alegra que te haya gustado. Después de darme una vuelta por tu blog, estoy convencido de que tengo otros post que pueden interesarte. Gracias por el comentario, y enhorabuena por tus escritos, son conduntentes y tienen una voz propia muy característica. ¡Un saludo!

  2. Anónimo dijo:

    Jo macho, me he quedado planchado….

    • Para serte sincero, a mí me pasó lo mismo. Quería escribir un relato trágico, tenía una idea que empecé a desarrollar, pero a mitad de texto se me fue ocurriendo este final, tras terminarlo y releerlo me quedé igual que tú. A ver si en próximos artículos variamos esa sensación… ¡Muchas gracias por el comentario! Un saludo.

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