Mediocre normalidad

Me enervan las excusas, lo reconozco, quizás por ello no puedo soportar la normalidad. Cuando algo se sale de lo corriente, en seguida le ponemos la capa de lo extraordinario, y dicho sayo es una diana contra la tribulación de lo corriente, una meta sobre la que descargar las iras de nuestros sueños rotos, de nuestros miedos paralizantes, de nuestra mediocre normalidad.

Si no aprendemos a destacar, la masa de lo cotidiano nos envenena, infecta nuestra voluntad impidiéndonos luchar por las metas auto impuestas. La multitud no despunta, no tiene cualidades, es un conjunto amorfo de mediocridad comprimida; pero, efectivamente, la presión social que posee, fundada exclusivamente en su ingente volumen de voluntades, es aterradora. Dicho terrorismo de pueblo es un muro contra el que hay que liberar las ganas de destacar, de rayar lo extraordinario. Quizás no todos nazcamos con el conocimiento para derribar ese muro, o con las cualidades físicas que nos permitan convertirnos de la noche a la mañana en el macho alfa de la manada; pero cualquiera de nosotros tenemos la capacidad de aprender; somos humanos, y nuestra mayor virtud es la adaptación.

La base del conocimiento son las circunstancias, lo que nos rodea; pero para poder conocer la omnipresente realidad, lo primero es el yo interior. Estamos hartos de ver por la televisión proyectos de estrellas sin talento, gente que es incapaz de aceptarse a sí misma, fantasmas que no son conscientes de las cartas que le han tocado y que intentan apostar la baza con el juego del que tienen al lado. Son sueños sin base, ideas sin fundamento, fracasos que aún no saben que lo son; y que nunca lo sabrán.

Conociéndote, puedes llegas a conocer al que tienes enfrente. No somos tan distintos. Tras este paso llega el siguiente, y tras el siguiente otro; antes o después seremos conscientes de que realmente estamos andando, experimentaremos lo que nos rodea, y así, podremos situarnos en nuestro contexto social. Los fracasos no son conscientes de lo que son, al no serlo son meridianamente incapaces que saber cómo son los demás; los tacharemos de egoístas, se pondrán los primeros en cualquier cosa, harán trampas, usarán la corrupción; en definitiva, usarán cualquier arma que esté a su alcance para obviar la verdad de su decadente mediocridad. Los ataques de los fracasos nunca van dirigidos contra sí mismos aunque sean realmente la fuente de la desdicha, tirarán con bala contra todo aquél que sí haya sabido hacer lo que ellos ignoran, cualquier ser extraordinario que conozca su verdadero rol en el entorno y lo explote. La hiel tiene muchos nombres y caras, lo encontraremos en forma de críticas, opiniones, falta de confianza, insultos, desprecio, descalificaciones y demás obstáculos que se habrán de superar.

Alguien que se conoce a sí mismo y a lo que le rodea, será capaz de ligar los sueños absurdos de grandeza y cimentarlos usando sus capacidades. Así, el que soñaba con ser cantante de rock pero no tenía oído, quizás conozca la meta soñada a través de una cámara y un buen guión. Las posibilidades de cumplir un sueño se multiplican exponencialmente si usamos nuestras propias capacidades únicas, todos tenemos algo que nos hace destacar sobre los demás; lo difícil es encontrarlo. Así, usando nuestra habilidad y conociendo nuestro entorno, sabremos si esas habilidades nos sirven para destacar sobre 10 personas y convertirnos en el mejor en el ámbito de la familia; sobre 1.000 personas y ser el mejor en el colegio o trabajo; sobre 1.000.000 personas y ser el mejor en la ciudad; o sobre 6.000 millones de personas y ser el mejor del mundo; o sobre miles de millones más y ser el mejor de la historia.

Tan difícil es ese primer paso de autoconocimiento, que se hace muy fácil reconocer a los que lo superan, desprenden un aire de magnetismo y confianza en sí mismos que los hace únicos, extraordinarios. Nosotros, desde nuestra decadencia sólo podemos observarles y envidiarles, soñar con ser como ellos sin hacer el trabajo que conlleva, les insultaremos y odiaremos, justificaremos sus hazañas con el comodín de la suerte; pero, finalmente, aplaudiremos sus goles, usaremos sus inventos y nos maravillaremos con sus descubrimientos.

Así de sencillo, o así de complicado, es la realización personal. Ahora que lo sabemos ya podemos apoltronarnos en la inmundicia de la mediocridad y criticar a todo aquel que ose levantarse de ese asiento de mediana comodidad.

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8 respuestas a Mediocre normalidad

  1. Anónimo dijo:

    LO PEOR DE TODO, ES QUE LA MAYORÍA VIVIMOS EN LA MEDIOCRIDAD, Y MIRAMOS CON ADMIRACIÓN AQUELLAS PERSONAS QUE TIENEN ALGO ESPECIAL PARA DESTACAR. PERO NO SIEMPRE LA GENTE QUE DESTACA ES EXCEPCIONAL.

    • No, no siempre es excepcional la gente que destaca; así como muchos de los realmente excepcionales no destacan nunca, al menos en la historia. La mediocridad es una opción, y el destacar un objetivo, todos debemos elegir. De todas formas, excepcional es un adjetivo, y por lo tanto algo tan subjetivo como cada hombre; depende de cada uno esa elección.
      Muchas gracias por el comentario.

  2. bojodo dijo:

    Me quito el sombrero.

    Un ensayo inspirador y fresco, de los que te hacen querer superarte y ser mejor persona. Me encanta la definición de sobresalir que expone el autor. El éxito de los mediocres no les convierte en sobresalientes, sino en mediocres ambiciosos. Es el hecho de conocerse a uno mismo lo que lo que nos libera.

    Si fuese fácil despojarse de la mediocridad que rodea nuestro día a día y que nos hace caer en rutinas nocivas, no tendría tanto mérito destacar.

    Una historia muy viva, que seguirá siéndolo mientras el hombre sea hombre.

  3. Anónimo dijo:

    Ese debe ser el dificil camino de todos. No es facil verse los lunares. ¡Buen viaje!

  4. Director de Marketing dijo:

    No es un texto demasiado pesimista para un autor que intenta destacar sobre millones?

    • Creo que fue Dalí el que dijo: “Yo no soy pesimista, soy un optimista realista”. Ser consciente de la verdadera magnitud de una proeza no lo considero pesimista, sino realista. Quizás, siendo conscientes de las dificultades del camino y de nuestras verdaderas posibilidades, el hecho de superarnos sea el verdadero éxito de la misión, y no la meta en sí.
      De todas formas, director, el texto son sólo palabras, en cada uno está el mensaje que quiera llevarse de ellas.
      Muchas gracias por tu comentario.

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