La amistad es una afección más propia de la madurez.

Artistóteles dijo una vez “La amistad es una afección más propia de la madurez”.

No pude dejarlo pasar, he aquí mi respuesta.

La amistad es una afección más propia de la madurez.

Las palabras fluyen sin control en las mentes vírgenes, escampan de una boca que no ha aprendido a controlarse como si de un chorro a presión se tratase; probablemente no sean expresiones cultas o refinadas, quizás carezcan incluso de rigor o lógica, pero lo que no se puede negar ni por las más ofuscadas mentes es que en esa verborrea incontrolable reside la esencia de la verdad del pensamiento.

Las palabras de un niño emanan de la mente como una autopista de alma pura. No están influenciadas de las carencias adultas de la presión social o la utilidad de la mentira. Al perder los vicios de la madurez y la experiencia, esas palabras son la esencia de los nombres, la verdad absoluta que no está influenciada por el conocimiento empírico, el verdadero imperativo categórico, lo único real. Así, en un salto atemporal en el que se vislumbra la naturaleza de los ideales de Kant y Platón, deducimos que el denominador común de la podredumbre es el agente externo que lo influye, ya se llame éste idea u hombre, o usemos para explicarlo el mito de la caverna de uno, o la crítica razonada del otro.

“Los adultos han dejado de jugar”, así definió Jung la crisis de imaginación que atenaza a la sociedad. La experiencia y el conocimiento atenazan al Yo niño que reside en cualquier persona, lo amordazan y lo dejan escondido en algún recóndito lugar de la personalidad en el que muere en el olvido más tétrico. El niño queda erradicado por la afección más sobrevalorada del hombre, la madurez.

Así, utilizo la risa, el símbolo más característico de la felicidad de un niño, para relacionarme con todos aquellos que pretenden convencerme de que cualquier sentimiento –llamémosle amor o amistad- florece durante la época adulta. Aquellos que opinan que algo tan visceral como un sentimiento es, o no es, en función de su experiencia, se retratan como hombres que han dejado de jugar, como ideas que han olvidado su esencia, como imperativos categóricos atados y amordazados en el oscuro rincón de la indiferencia.

No podemos dejarnos engañar por hábiles comentarios, ya sean hechos por Aristóteles u Octavio Paz, en los que el fundamento de algo tan irracional como temperamental, tan cargado de la verdad intrínseca de nuestro Yo niño como es un sentimiento, sea precisamente aplicar la lógica de la experiencia. Yo, acudiré a buscar consejo al lugar en el que la verdad es simplemente eso, una palabra. Iré a un parque infantil cuando quiera estudiar la alegría, a un colegio para comprender la amistad, a un parque para que los jóvenes enamorados me enseñen lo que es el amor. Puede que deban acompañarme los que pregonan la virtud del conocimiento maduro, porque quizás, tras años de estudio, logren empezar a conocerse.

 

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2 respuestas a La amistad es una afección más propia de la madurez.

  1. Ramón dijo:

    Buena protesta, Carlos. No hace falta que te diga que mis mejores y auténticas amistades son fruto de mi inmadurez.
    Maravillosamente escrito. ¡Explota tu don para que lo disfrutemos todos!

  2. Anónimo dijo:

    QUE VISIÓN MÁS DURA DE LA MADUREZ, PERO SI UNA COSA ES VERDAD, ES QUE EL AMOR Y LA AMISTAD INCONDICIONAL SE VIVE EN LOS AÑOS TEMPRANOS DE CADA PERSONA.

    Aún así, es muy profundo para estas horas del día.

    Da gusto leerte.

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