La ausencia por vacaciones de una madre: La huída de la colada

Manual de supervivencia: La ausencia por vacaciones de una madre

Cuando una madre abandona el hogar familiar para disfrutar de unas merecidas vacaciones y huir de las tensiones paterno-filiales, provoca con su ausencia una debacle de proporciones bíblicas en el día a día de sus hijos. A continuación exponemos una serie de consejos prácticos para no caer en la barbarie y en el canibalismo.

Esquivar la colada:

Partamos de la base de que la colada no es un bien necesario del que no podamos prescindir hasta la vuelta de la madre (o padre, que cada cual elige la tarea que quiere); por lo que dependiendo de la higiene personal del individuo, su propensión a las manchas, así como la voluntad de restregarse en el barro cual gorrino; es un elemento prescindible en los casos de supervivencia extrema.

El primer elemento que debemos medir para elegir nuestra estrategia final es la duración de viaje de la madre. Si la duración del viaje es menor a una semana, podremos asegurarnos de que la lavandera, o madre según la cultura, realice un esfuerzo y tenga toda –y recalco lo de TODA- nuestra ropa limpia y planchada para nuestro disfrute personal. Con lo que tenemos en el armario podremos sobrevivir el tiempo del viaje.

Para los casos en los que la duración del viaje sea mayor a una semana, pero divididos en dos escalas –es decir, que pase por casa para cambiar las maletas o semejante-, la estrategia de supervivencia no se centra en conseguir mantenernos con la ropa del armario, sino en manchar (dejo a elección del lector la sustancia elegida) toda la ropa de la que disponemos. Cuando la madre entre por la puerta de casa, deberemos estar preparados y tener el cubo de ropa sucia rebosante y puesta alguna camiseta o similar especialmente manchada. El atributo del mal olor añade contundencia al mensaje subliminal. Probablemente la madre sentirá un arrebato de compasión por la salud de su hijo y se pondrá a poner lavadoras. Aconsejo fervientemente no descuidar la vigilancia del sujeto paterno -o materno dependiendo de la unidad familiar- que acaba de perder unas horas de vacaciones por la ropa del crío; hay que evitar los lugares de tránsito como los pasillos, cerrar con pestillo los baños o dormitorios y acudir esporádicamente a la cocina, nunca siguiendo la misma ruta u horarios. Si la madre no ha reaccionado instantáneamente al mensaje, no os preocupéis, en breves sacaré un post sobre los niños desamparados y el mensaje “él nunca lo haría”.

Si tenemos la desgracia de sufrir una ausencia prolongada de la madre, debemos empezar a familiarizarnos con los conceptos básicos de una colada: limpio/sucio. Una prenda está sucia cuando está manchada, ¡y punto! Si no tiene una mancha de tomate que abarque el 60% de su superficie, no estará sucia, si acaso menos limpia. Es importante esta aclaración, ya que el hecho de llevar una camisa al trabajo no implica que ésta esté sucia, sino menos limpia; podremos volver a usarla en un plazo mínimo en el que parezca que ya hemos podido limpiarla –aunque ni por asomo vayamos a hacerlo-. ¿Cuándo pasa una prenda de estar menos limpia a sucia? La respuesta está clara, cuando se manche. Si no está manchada, la prenda en cuestión irá estando menos limpia cada vez y deberemos ampliar más los plazos de uso, pero nunca estará sucia.

El olor de la ropa es un tema incómodo pero de fácil solución, si una camiseta menos limpia empieza a expeler un olor ácido, siempre podremos decir que hemos cambiado de perfume; si el olor es ya completamente avinagrado, recomiendo una buena dosis de colonia y desodorante y ejercicios de respiración bucal; si el olor es peor que los mencionados, debemos empezar a considerar que la prenda está definitivamente sucia y que tendremos un recurso menos a nuestra disposición modal.

La rigidez de las prendas suele resultar indicativo de que efectivamente están sucias, y por lo tanto machadas, seamos capaces o no de ver la mancha en sí. Si unos pantalones vaqueros son capaces de sostenerse en pie sin la ayuda del individuo, podremos colocar la escultura en el salón y decir que amamos el “art noveau”, pero no volver a usarla.

El punto más crítico en nuestra huída de la colada es la higiene personal. Cuanta más higiene tengamos, más tiempo se mantendrá la ropa limpia. Por esta razón conviene seguir un estricto régimen de andaluz en verano, cuanto menos nos movamos menos sudaremos y menos ensuciaremos la ropa. Cabe destacar los novedosos adelantos de la industria “vaguil” en cuanto al elemento colada se refiere. Hoy en día existen bañadores que hay que llevar con ropa interior, usándolos en una piscina de cloro, conseguiremos lavar dos prendas sin necesidad de hacer nada más que refrescarnos.

Finalmente abarcamos el tema de la salubridad y la teoría importada de Francia de las cuatro vueltas del gayumbo. Dicha teoría posiblemente compita con la teoría de la gravedad entre las teorías que más consecuencias tienen en los hombres. Es fundamental seguir los pasos sin equivocarnos y mantener fresca la memoria. El paso primero coincide con el primer día que usemos el calzón en cuestión, no hay nada que contemplar en este día. El segundo paso coincidirá con el segundo día natural, deberemos colocarnos la prenda en el mismo sentido que el día anterior, solo que al revés. Vamos, lo que protegía lo de adelante, lo ponemos detrás y a la inversa –suele resultar de utilidad tomar un punto de referencia visual como son la etiqueta o las instrucciones de lavado-. El tercer día debemos colocarnos la prenda de forma incorrecta, con la etiqueta hacia fuera, dejando que la parte de tela que ha estado en contacto con nuestras zonas nobles roce ahora el pantalón que llevemos. El cuarto día deberemos imitar el paso dos pero con la etiqueta hacia fuera. Nótese que no hay quinto paso, ya que no hay más vueltas posibles manteniendo la condición de porción de tela a estrenar; si el lector quiere ir más allá, desde este blog no nos hacemos responsables de las repercusiones en la salud del descubridor. Esta teoría está pensada para los gayumbos, no responde de igual manera para otros tipos de ropa interior; el tanga, por ejemplo, queda inmediatamente descartado en esta sección de salubridad.

Si se han seguido con ahínco y esmero estos consejos, es probable que la vuelta de la madre sea inminente y que hayamos conseguido esquivar el escabroso asunto de la colada. En caso contrario y que la ausencia sea prolongada, deberemos echarle valor y lanzarnos al peligroso y mareante mundo de las lavadoras, el cual os detallaré en el próximo post para que podáis sobrevivir al primer impacto.

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Una respuesta a La ausencia por vacaciones de una madre: La huída de la colada

  1. Anónimo dijo:

    Es interesante y tronchante aprender a zafarse de la lavadora. Tomo nota

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