La ausencia por vacaciones de una madre. Capítulo I: La comida

Cuando una madre abandona el hogar familiar para disfrutar de unas merecidas vacaciones y huir de las tensiones paterno-filiales, provoca con su ausencia una debacle de proporciones bíblicas en el día a día de sus hijos. A continuación exponemos una serie de consejos prácticos para no caer en la barbarie y en el canibalismo.

La comida:

El primer paso que debemos realizar es la súplica a la progenitora para que guarde en el congelador un sinnúmero de raciones individuales con un variado de nuestras comidas preferidas. No se debe innovar el discurso, pues se corre el riesgo de que la amantísima madre prefiera no dejar a su cachorro desamparado y  se pierda así la perspectiva de unas vacaciones sin padres.

Hay que acudir con una media de un día antes de la marcha –ampliable o reducible en función de si el viaje es en avión o en coche; a mayor libertad de horarios para la madre, menor tiempo debe transcurrir entre la petición y la salida prevista-, para permitir que la cocinera tenga tiempo de ir al supermercado y de cocinar, pero también para dejar abierta una segunda opción que abordaremos en el siguiente párrafo. Se potencia el efecto de la petición con una pose determinista y un concienzudo reproche a la madre por no haber enseñado nunca a su hijo a guisar. Conviene no abusar del tono autoritario, sino bajar la mirada y dejar abierta la posibilidad, con cierto aire de fastidio, de ir a comer a un restaurante cercano. En la remota posibilidad de que la madre haya enseñado al superviviente a cocinar, éste debe recurrir a la indignación y decir que él también está de vacaciones y que no tiene por qué guisar; o en el supuesto contrario, indignarse respondiendo que él no está de vacaciones y que por todo su trabajo, no va a tener tiempo de cocinar.

Si se han seguido los pasos adecuadamente, la madre sólo tendrá dos posibles opciones: cocinar o sacar la cartera. Cualquiera de las dos le sirve al superviviente, pero para aquellos que, además, quieran la financiación de sus propias vacaciones, conviene que se combinen las anteriores instrucciones con la presencia paterna. El padre, deseoso de salir y perder a su hijo de vista, será más propenso a la opción de la cartera para acelerar la salida.

En cuanto al montante, existe libertad de elección, pero no conviene contentarse con menos de veinte euros/día, que corresponde a una comida y una cena a precio de menú. Una vez se consiga el dinero hay que acudir al supermercado. En la sección de pasta, se compran los macarrones de kilo más baratos que se encuentren, la proporción necesaria para un hombre de mediana estatura es de 500 gramos al día. Hay que comprar tantos paquetes como días vayan a pasarse los progenitores fuera de la vivienda, pero ni uno más, no hay que dejar pistas del destino del dinero.

La compra masiva de macarrones puede suponer un 10% del presupuesto diario para comida, por lo que el 90% restante debe invertirse en la ingesta indeterminada de cerveza. En la sección de cerveza debemos buscar la marca que tenga un precio más económico por litro.

El superviviente se encontrará en disposición de hervir los macarrones siguiendo cualquier receta de internet y no morir de hambre; así como contará con una reserva considerable del líquido elemental para futuras fiestas y/o reuniones de amigos.

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4 respuestas a La ausencia por vacaciones de una madre. Capítulo I: La comida

  1. Anónimo dijo:

    Cocinarse uno mismo o no no es la cuestión. El verdadero kid del ausnto es que está en el ADN de una madre dejar una cantidad de comida que es directamente proporcional al número de días que pasan fuera. Dev ez en cuando esta proporción crece exponencialmente y tienes raciones para invitar a los amigos durante un mes. Por esto y por muchas cosas más sólo decir.. ¡GRACIAS MAMÁS!

  2. Anónimo dijo:

    Yo creo que debido a la crisis, la maldad femenina, el corte del cordón umbilical o las experiencias vividas, van a provocar un lento movimiento hacia la cartera que curiosamente estará vacia y a punto de que perdamos nuestro vuelo, pediremos un préstamo a la hucha de los abuelos,je,je.

    • Yo más que maldad diría independencia, pero también veo ese desarrollo de acontecimientos que propones. El giro hacia la compasión de los abuelos me parece muy interesante, de hecho lo tengo inluído en próximos post. ¡Me alegra ver que eres todo un superviviente! Muchas gracias por el comentario. Un saludo.

  3. Anónimo dijo:

    ¡Vaya morro y va por lo que me toca de cocinera!

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