Whisky con Coca Cola

Whisky con Coca Cola

El buen whisky se bebe solo. El vidrio resuena con los golpes del hielo, ese sonido de victoria en máquina tragaperras que enciende la imaginación del borracho. Poco a poco se desliza el alcohol por entre las piedras de sólida agua, retándolas con su insinuante danza, forzando su entelequia hasta derretir el más sólido corazón; es eróticamente femenino. Un movimiento, un ligero contoneo que muestre el vigor de la elasticidad para derretir, un venenoso y ardiente ser que quema boca, entrañas y espíritu. Euforia, una euforia que asciende vertiginosa anulando las ideas, sensaciones o sentimientos. Un yin que llora por su yan, deseosa y apasionadamente clama por la perfección de su ser. Necesidad, necesitada de un burbujeante orgasmo pide sonoramente la fortaleza de un amante, la brutal caricia de una varonil caída, el sonido de una ventosa al airearse, de un corcho al desquitarse, de un clímax al alcanzarse. Abrazándose al recibir su contacto, cantan con agudos mientras agito mi vaso. En mi boca se describe la orgía de sensaciones de una copa bien servida. ¿El whisky se bebe solo? Y una mierda, ir a otro con las alabanzas a la masturbación.

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